¿No se esforzó bastante, eh?
—¿Despertaste?
Al verla bajar, Rogelio le hizo un gesto con la barbilla a Eva.
—Prepárale el desayuno a Aldi.
Luego, miró a Aldana y curvó los labios.
—¿Ya supiste que hay avances con el antídoto?
—Sí.
Aldana se sentó a su lado y, al notar las ojeras bajo sus ojos, frunció ligeramente el ceño.
«Definitivamente no durmió».
«¿Todavía está herido y se desvela? ¿Acaso no quiere vivir?».
—Gilda aún no se ha despertado.
Justo cuando Aldana se disponía a regañarlo, el hombre la interrumpió con suavidad.
—No hagas ruido, déjala dormir un poco más.
Aldana apretó los labios. ¿Ahora él la estaba manejando a su antojo?
—Tú...
—Lo sé. —Rogelio se llevó un bocado a la boca, cortándole la palabra—. Con tus comidas nutritivas para reponerme todos los días, mi cuerpo está perfectamente.
Aldana se quedó sin palabras, y como Gilda todavía descansaba, decidió dejar el tema por el momento.
***
Mientras desayunaban, conversaron sobre la Isla Solestia.
—La Isla Solestia es un territorio privado, una zona sin ley donde la población y la red están bajo estricta vigilancia.
Rogelio le pelaba un huevo a Aldana mientras hablaba con calma.
—Quienes pueden usar internet libremente allí no son personas comunes.
—Entiendo.
Aldana comía su desayuno en silencio, asintiendo de vez en cuando.
—Todo el personal de Syndicate Zero y la Liga de Hackers está investigando a la gente de la Isla Solestia uno por uno.
»Supongo que en estos dos días tendremos resultados.
—Sí. —Aldana terminó de comer y se levantó—. Iré a ver a Gilda.
»Por cierto... —dio unos pasos y se giró para advertirle—, por ahora, no dejes que mis tres hermanos se enteren de la enfermedad de Gilda.
—Está bien, pero... —Rogelio, sosteniendo los cubiertos, estudió el rostro de la chica y sonrió con cariño—. Si intentan algo, tienes que ayudarme.
Aldana lo miró profundamente, sin responder.
«Viejo zorro astuto, ¿ahora se hace el inocente?».
—¿No te preocupas por mí? —preguntó Gilda a propósito.
Le preocupaba que su enfermedad fuera una carga para su hermana.
—No te vas a morir. —Aldana enarcó una ceja y sonrió con despreocupación—. Además, aunque murieras, yo misma te sacaría de las garras de la Muerte.
—Qué ocurrencias tienes.
Gilda suspiró aliviada, sintiendo que por fin podía relajar la tensión.
—Está bien. Como no tengo nada que hacer, iré a echar un vistazo.
—Yo me encargo de los arreglos.
Al cerrar la puerta, la sonrisa desapareció del rostro de Aldana y la fortaleza que había fingido se derrumbó.
«Vete. Solo si te vas podré trabajar en el antídoto sin preocupaciones».
***
Al anochecer, Aldana despidió a Gilda y dio instrucciones de que la cuidaran bien.
De regreso, sonó el teléfono de Rogelio.
—Aldi, encontré la información sobre el dueño de la hierba medicinal.
Aldana frunció el ceño. Por su tono de voz, Rogelio no parecía muy contento.
¿O quizás la persona que poseía la hierba era difícil de tratar?

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