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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 802

—¿Sacar sangre?

Quico frunció ligeramente el ceño y dijo con voz grave:

—¿No se puede hacer de otra manera? Sacar sangre es muy doloroso, y Julie se resistirá.

No era la primera vez que intentaban sacarle sangre, y había costado un gran esfuerzo.

Le partía el corazón verla sufrir.

—¡Sácala!

Antes de que Aldana pudiera responder, la propia Julieta se remangó y extendió el brazo hacia Aldana.

—¡Tú puedes sacármela!

Tenía una sonrisa en el rostro y un tono de voz relajado; no mostraba el más mínimo temor.

La preocupación en el rostro de Quico se transformó gradualmente en confusión y luego en asombro.

«¿Qué?».

«¿Acaso Julie no le teme a las agujas desde pequeña?».

«¿Cuántos médicos no han podido ni acercársele?».

«¿Y frente a la Dra. Noche, está tan contenta?».

«¿Por qué?».

«¿Será por su cara?».

«¡Como si eso pudiera quitar el dolor!».

—De acuerdo.

Aldana parpadeó y, con calma, le extrajo un tubo de sangre que guardó en su maletín.

—Los resultados del análisis de sangre estarán listos en dos días. En ese momento, volveré a la Isla Solestia con el plan de tratamiento.

Después de dar las explicaciones, Aldana recogió sus cosas, se levantó y, cuando se disponía a marcharse...

—Espera.

Julieta corrió tras ella con un pastelito en la mano y, mirándola fijamente, le dijo:

—Está delicioso, es para ti.

—Gracias.

Aldana lo aceptó y, al tiempo que le agradecía a Julieta, también le dio las gracias a su malhumorado esposo.

—Gracias a ti también.

La mirada de él era como un cuchillo, como si quisiera hacerla mil pedazos.

Aldana sonrió sin decir nada; ya había visto esa mirada en el rostro de su hombre.

Estaba celoso.

—Acuérdate de comértelo, ¿eh? —En los ojos de Julieta no había rastro de su esposo; toda su atención estaba puesta en Aldana—. Es de mango, tu sabor favorito.

Aldana se quedó helada.

¡Pum!

Quico pateó una silla, se puso las manos en la cintura y respiró agitadamente.

Un médico es un médico, que se dedique a curar.

¿Con esa cara de galán de telenovela a quién intentaba seducir?

—Julie... —Una vez que la figura de Aldana desapareció, Quico se acercó a su esposa, se arrodilló y la miró con ternura—. ¿Te gusta este médico?

—¿Eh?

Julieta parpadeó, sin entender del todo.

—Es bonita.

«¿Bonita?».

«¿Por qué últimamente no para de decir esa palabra?».

«¿Tanto le gustan las cosas bonitas?».

Si era así, él tampoco se quedaba atrás.

—A Julie solo le puedo gustar yo, ¿entendido? —Quico le acarició el rostro, con una voz suave y seductora—. Y tu esposo siempre querrá a Julie, solo a Julie.

—Quiero a mi esposo.

Esa pregunta sí la entendía Julieta. Se inclinó y le dio un beso.

—Julie siempre querrá a su esposo.

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