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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 819

—Una semana.

Aldana enarcó una ceja y respondió con indiferencia:

—En una semana, puedo hacer que vuelva a ser una persona normal.

«¿De verdad?», pensó Quico.

La alegría lo invadió, pero antes de que pudiera reaccionar, la voz de Aldana volvió a sonar:

—Pero ya no quiero salvarla.

—¿Qué?

La sonrisa de Quico se congeló en su rostro.

—¿Así es como Quico trata a sus invitados? —continuó Aldana comiendo sus botanas, cuyo crujido resonaba en la habitación—. Si estoy de mal humor, no puedo tratar a nadie, ¿sabes?

—Eres Fantasma, ¿acaso no puedo arrestarte?

La ira se apoderó de él, y la voz gélida de Quico retumbó en el lugar:

—¿Necesitas que le refresque la memoria a la líder del Submundo sobre todas las porquerías que ha hecho?

—No, gracias.

Aldana levantó la mirada, con una expresión perezosa y relajada.

—Sé que estás muy enojado, pero cálmate un poco.

»Después de todo, también soy la Dra. Noche, la única que puede salvar a tu esposa. ¿Qué puedes hacer por mucho que te enojes?

»¿Matarme?

Aldana arrojó las semillas de girasol que tenía en la mano, y la comisura de sus labios se curvó en una sonrisa cada vez más amplia. Su tono era desafiante:

—¿Puedes hacerlo? ¿Te atreves?

Quico se quedó mudo por un instante, con los labios entreabiertos, incapaz de articular una respuesta.

Aunque ella era la prisionera, actuaba como si fuera la dueña de la situación.

Y era cierto.

Era la Dra. Noche, la única que podía salvar a Julie.

Incluso si hiciera estallar la Isla Solestia, él no tendría más remedio que agachar la cabeza y sonreírle.

—¿Me estás amenazando?

Quico apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos crujieron, y un aura de ira escalofriante lo envolvió.

—No olvides que yo también tengo algo que necesitas.

La cepa A-N0 debía de ser importante.

De lo contrario, ella y el líder de la Alianza del Cracker no se habrían arriesgado a venir a por ella.

—Y además…

Quico se acercó un poco más, con una mirada gélida como el hielo, y dijo palabra por palabra:

Aldana levantó la barbilla, se cruzó de brazos y lo miró fijamente con frialdad.

¿Cómo se atrevía a amenazarla con eso?

Si no fuera porque temía que su hermana se quedara viuda, ¡de verdad que querría matarlo!

El hombre se quedó sin saber qué decir. Tenía un fuego ardiendo en su interior, a punto de consumirlo por completo.

Por alguna razón, la actitud «insolente» de Fantasma le recordaba mucho a la de Julie.

—¡Más te vale no arrepentirte!

—¡El que se va a arrepentir eres tú! —replicó Aldana, cerrando los ojos con una voz indiferente—. ¡Fuera, no me molestes mientras duermo!

Acababa de realizar la terapia de hipnosis con su hermana, lo que le había costado una gran cantidad de energía física y mental.

Necesitaba dormir bien.

De lo contrario, mañana tendría que enfrentarse a una «batalla por su hermana» y, además, ajustar cuentas con Quico. Tenía que reponer fuerzas.

¡Pum!

Tras toparse con un portazo, Quico, sin poder hacer nada contra él, salió furioso, dando una patada a una pobre silla que se encontró en el camino.

Los guardaespaldas se quedaron sin palabras, asustados. Se miraron unos a otros, confundidos y con los ojos como platos.

¡Increíble!

Aparte de la señora, ¡nunca habían visto a nadie capaz de hacer enojar tanto al señor!

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