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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 820

—Señor, ¿se encuentra bien?

Un subordinado corrió tras él y le preguntó con cautela.

—Estoy perfectamente.

Quico se plantó con las manos en las caderas, frente a un lago cercano, respirando hondo el aire fresco para calmar su enfado.

—No le den nada de comer esta noche.

A ver si seguía siendo tan arrogante después de pasar un poco de hambre.

—Sí, señor —respondió el subordinado con respeto, conteniendo la risa a duras penas.

Al fin y al cabo, era él quien necesitaba un favor.

En otras circunstancias, si la líder del Submundo se hubiera presentado en su puerta, el señor ya la habría eliminado sin dudarlo.

Pero ahora…

No era de extrañar que Fantasma entrara en el calabozo como si estuviera en su propia casa.

***

Al anochecer, Rogelio regresó a casa después de ocuparse de los asuntos del consorcio. Miró a su alrededor, pero no vio a la muchacha por ninguna parte.

Normalmente, a esa hora, estaría tumbada en el sofá jugando videojuegos.

—Sr. Lucero —dijo Eva, saliendo de la cocina mientras se secaba las manos, con expresión preocupada—. La Srta. Carrillo todavía no ha vuelto.

—¿Aldi no ha vuelto?

Rogelio se detuvo mientras se quitaba la chaqueta, y sus ojos oscuros se entrecerraron con una mirada peligrosa.

La seguridad en la Isla Solestia era extremadamente estricta.

Para evitar problemas innecesarios, Aldi no había llevado ningún dispositivo de comunicación en sus dos últimas visitas.

La vez anterior, se había ido por la mañana y había regresado por la tarde.

Pero esta vez…

—Entendido —dijo Rogelio, volviéndose a poner la chaqueta. Mientras salía, ordenó a Iván y a Eliseo—: Reúnan a algunos hombres. Vamos a hacerle una visita a Quico en la Isla Solestia.

—Jefe, ¿necesitamos llevar [fuegos artificiales]? —preguntó Eliseo instintivamente.

Por el tono grave del jefe, era muy probable que la Srta. Carrillo estuviera retenida en la Isla Solestia.

Seguro que necesitarían los fuegos artificiales.

—Llévenlos.

Rogelio miró a Eliseo profundamente, y tras pensarlo unos segundos, dijo con calma:

—En cuanto a si los usaremos o no, dejaremos que Aldi lo decida.

***

Isla Solestia.

Julieta no le había dirigido la palabra a Quico en toda la noche, enfadada por haber expulsado al médico milagroso.

Al oír ese nombre, Quico no se sorprendió en lo más mínimo. Una sonrisa burlona se dibujó en sus labios.

Sí que era amor verdadero.

Apenas habían encerrado a Fantasma y el líder de la Alianza del Cracker ya estaba llamando a su puerta.

—¡No lo recibiré! —se negó Quico sin dudar.

No creía que su corazón pudiera soportar tener a sus dos archienemigos juntos en el mismo lugar.

Lo más importante en ese momento era la enfermedad de Julie.

—El líder de la Alianza del Cracker dice que quiere hacer un trato con usted —continuó el subordinado—. Y también dice que tiene información sobre la familia de la señora.

—¿Qué?

Al oír eso, Quico giró la cabeza bruscamente, con el rostro serio.

¿Sabía algo sobre la familia de Julie?

Si no recordaba mal, Julie había sufrido un gran trauma que había provocado que su desarrollo mental se detuviera a los seis años.

Era muy probable que estuviera relacionado con su familia.

Durante años, había intentado averiguar algo sobre ellos.

Pero las pistas eran muy escasas y no había conseguido ningún avance.

Las dos organizaciones de hackers más grandes del mundo pertenecían, una a Fantasma, y la otra a la Alianza del Cracker.

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