Entrar Via

Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 844

La capital.

Aldana llevó la planta medicinal A-N0 al laboratorio en las afueras y le encargó a Félix que la guardara con cuidado.

En el camino, contactó a Gilda.

Pronto comenzaría su tratamiento, así que Aldana le prohibió andar de un lado para otro.

Al llamar a casa, Eva le mencionó algo.

Había surgido un asunto en la base principal del Submundo, y Gilda, al saber que Julieta estaba bien, había regresado para encargarse de ello.

Cuando Aldana se enteró, se enojó tanto que hasta se le quitó el hambre.

—Tú…

Gilda recibió la llamada de su hermana y, sin dejarla hablar, se apresuró a decir:

—Ya regresé, ya regresé. Estoy en Luminara, no te enojes.

—¿Estás en Luminara?

La ira de Aldana disminuyó considerablemente y su voz se suavizó.

—De acuerdo, no te muevas de ahí.

—Vale.

Gilda frunció los labios y, después de colgar, sintió un gran alivio.

No era muy mayor, pero tenía un genio de los mil demonios.

Y bastante intimidante.

***

Tras colgar el teléfono, Gilda se desplomó en la silla, con la respiración entrecortada y el rostro pálido.

—Señorita, ¿se encuentra bien? —preguntó Eva, preocupada al verla así.

—Estoy bien —negó Gilda con la cabeza y una sonrisa—. No dormí bien, solo necesito una siesta.

—Ah, bueno.

Eva suspiró aliviada, sosteniendo una pequeña cesta.

—Entonces descanse un poco, voy a salir a comprar la comida.

—De acuerdo.

Gilda asintió y despidió a Eva con una sonrisa.

En cuanto la puerta se cerró, Gilda tomó su medicina rápidamente, y los síntomas comenzaron a desaparecer poco a poco.

Se levantó, se acercó a la ventana de su habitación y se asomó para mirar hacia abajo.

«Qué fastidio».

«¿Por qué Aldi no ha vuelto todavía?».

***

Mientras recogía las frutas, Héctor finalmente sintió que había alguien detrás de él.

Se giró bruscamente y, aunque no vio bien el rostro de la persona, sí notó una pierna larga.

¡Pum!

La pierna aterrizó en su hombro, enviándolo a volar por los aires.

—¡Ugh!

Héctor, con su antigua herida aún sin sanar, ahora sumaba una nueva. Se agarró el pecho y estiró el cuello.

Miró desconcertado a la mujer que tenía delante: vestida de negro, con facciones finas y hermosas, pero una expresión fría e indiferente. Aturdido, preguntó:

—¿Y tú quién eres? ¿Qué haces aquí?

—Soy la hermana de la dueña de esta casa.

Gilda se cruzó de brazos, mirando a Héctor desde arriba con una mirada asesina.

—¿Y tú quién eres? ¿Cómo entraste? ¿Qué te robaste?

«¿Robar?».

—Tú más bien pareces la ladrona —Héctor, que había estado encerrado en casa todo el día, no sabía que Aldana había encontrado a su hermana—. Si vas a mentir, por lo menos averigua los detalles. La dueña de esta casa no tiene ninguna hermana.

Por su apariencia, no parecía una buena persona.

—Lárgate de aquí ahora mismo o no responderé por mis actos —le espetó Héctor, mirándola fijamente.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector