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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 852

—¡Aldana!

Unos compañeros que pasaban por ahí la saludaron.

—¿Ya regresaste del congreso?

—Sí.

Aldana abrió los ojos y les sonrió a sus jóvenes admiradores.

¡Ay, Dios! Una cosa era verla de lejos, y otra muy distinta era encontrarse de frente con ese rostro que enamoraba tanto a hombres como a mujeres. Y encima, sonreía.

Los chicos se sintieron inmediatamente cautivados y le sugirieron:

—Aldana, ¿entramos juntos?

—En un momento.

Aldana se aclaró la garganta y dijo en voz alta:

—La compañera Lucrecia y su novio están actuando como buenos samaritanos. Vieron que mi situación es bastante precaria y me dijeron que les pidiera lo que necesitara, que ellos me ayudarían sin dudarlo.

—¿Y qué les pediste? —preguntó uno de los chicos, acercándose con curiosidad.

—Les pedí dinero prestado —dijo Aldana, enarcando una ceja con indiferencia—. Ya que son tan capaces y de buen corazón, no creo que pedirles dos millones sea demasiado, ¿o sí?

¿Dos millones? Al oír esa cifra, Silvino se quedó atónito, y el rostro de Lucrecia cambió de color al instante. ¡Qué manera de pedir! Si hubieran sido unos miles, podrían haberlo considerado. ¡Pero dos millones! ¡Estaba loca de remate!

—¿No estaba la compañera Lucrecia presumiendo de que quería ayudar a Aldana? —intervino otro estudiante con sarcasmo—. Dos millones no deben ser nada para ustedes, ¿verdad?

Otros quizás no lo sabían, pero ellos sí. Aunque Lucrecia solía ser la hermana adoptiva de Aldana, las dos se habían distanciado hacía mucho tiempo. Incluso corrían rumores de que Silvino, al no poder conquistar a Aldana y descubrir que no era la verdadera heredera, había decidido ir tras Lucrecia. ¿Y ahora querían ayudar a Aldana? Seguramente era una excusa para presumir y burlarse de ella.

—Exacto.

—Señorita Mendes, ¿podría ayudarme a mí también?

Cada vez había más curiosos, y Lucrecia y Silvino se vieron acorralados, sin saber cómo salir de la situación. Especialmente Silvino. ¿Cuándo le había comprado él un collar de varios millones? ¿Qué tonterías andaba diciendo Lucrecia por ahí? Debido al escándalo anterior, su padre le había bloqueado la mitad de sus tarjetas. Darle dos millones a Aldana no era imposible, pero no lo haría sin obtener algo a cambio. ¿Tan desesperada estaba por dinero? ¡Parecía que su oportunidad había llegado de nuevo!

—Silvino, vámonos —susurró Lucrecia, con el rostro rojo de vergüenza por ser el centro de atención.

Ella no tenía dos millones, y sabía perfectamente que Silvino no se los daría a Aldana. Esa zorra lo había hecho a propósito para humillarla en público.

—Vámonos.

Silvino asintió. Antes de irse, le lanzó una mirada profunda a Aldana y se metió en el coche. La ventanilla subió rápidamente, arrancó el deportivo y se fue a toda velocidad.

Cuando Silvino se fue, Lucrecia forzó una sonrisa radiante y dijo a propósito:

—La cantidad es un poco grande, tengo que consultarlo en casa. Esperen noticias mías.

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