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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 87

—¡AHHHH!

Irina soltó un grito agudo, obligando a Leonardo a alejar el teléfono de su oído.

—¡Mira los videos! —insistió Irina, sin rendirse, y le envió un montón de videos—. ¡Te garantizo que después de verlos, te va a encantar!

—¡Niebla! Es una coreógrafa y bailarina de primera. En todo el mundo del espectáculo actual, ¿cuántos pueden compararse con ella?

Para que Leonardo abriera los ojos, se había pasado toda la noche viendo todos los videos de baile de Niebla, seleccionando los tres más perfectos.

—Está bien, los veré.

A Leonardo le dolía la cabeza por el ruido, así que cedió con impaciencia.

—Pero con una condición: si después de verlos no me interesa, no puedes volver a insistirme.

Él era alguien extremadamente exigente con la calidad de su trabajo, lanzando una sola canción al año. Pero cada vez que lo hacía, era un éxito rotundo.

Cuanto más famoso se hacía, más posibilidades había de que su hermana lo viera.

Por eso, prefería invertir más tiempo y esfuerzo en la preparación que hacer algo mediocre.

—¡Míralos ya! ¡Me quedaré en la línea mientras los ves! —dijo Irina, negándose a colgar. Su instinto de maestra salió a flote, con una severidad implacable.

Leonardo, con el rostro serio, negó con la cabeza con resignación.

En cuanto regresara, despediría a esta directora de coreografía que se creía su jefa.

Tras unos segundos de silencio, Leonardo abrió el WhatsApp de Irina. Allí estaban los tres videos.

Abrió el primero: era de danza clásica. La bailarina en el video ocultaba hábilmente su rostro, pero sus movimientos eran exquisitos y demostraban una técnica muy profunda.

Una bailarina así merecía ser la principal, encasillarla en un rol secundario sería un desperdicio.

*Mmm, no está mal, realmente tiene talento.*

Con un creciente interés, Leonardo abrió el segundo video. Danza moderna.

En el video, la chica llevaba un top corto y pantalones cargo, revelando una cintura delgada y flexible. Cada uno de sus movimientos era enérgico y potente, lleno de vitalidad. Acompañada de una música intensa, la coreografía era emocionante.

Una sonrisa se dibujó en los labios de Leonardo y su mirada se volvió más seria.

*Realmente es buena.*

—Así es —respondió Irina—. Es una chica con mucho carácter, así que más te vale controlar tu mal genio para no asustarla.

—Entendido.

Leonardo asintió, mostrando una paciencia inusual.

Tras colgar, el hombre se recostó en su asiento y tomó una fotografía que solo mostraba la silueta de una persona, sin rostro. Su expresión se tornó gradualmente sombría.

*Hermana... ¿dónde estás?*

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Después de las clases del sábado por la mañana, por la tarde había una clase de regularización de ciencias.

—Profe, tengo un asunto importante, quisiera pedir permiso para ausentarme —dijo Aldana con amabilidad.

No era su intención causar problemas, pero esta era una oportunidad de oro para conseguir ese cabello y no podía dejarla pasar.

—No.

Leandro, el profesor de física era un hombre mayor casi calvo, de carácter peculiar, conocido en la escuela como el "viejo raro".

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