[Claro, seguro que volverá a presumir.]
***
En el vestuario.
Lucrecia fue la primera en entrar y sacó el traje de montar que había preparado de antemano.
Era de una confección exquisita, con un diseño original y único que realzaba su figura a la perfección, disimulando cualquier defecto.
Perfecto.
Lucrecia se miró en el espejo, completamente satisfecha.
Cuando saliera, seguro que dejaría a todos los demás invitados con la boca abierta.
Solo de pensarlo, Lucrecia no podía contener la emoción.
Al salir, se cruzó con Aldana, que volvía con su ropa.
Lucrecia le echó un vistazo rápido y esbozó una sonrisa burlona.
Los trajes de montar los preparaba cada invitado, y el de Aldana era de lo más corriente.
Parecía que lo había conseguido a última hora.
Aldana la ignoró y pasó de largo para entrar en el vestuario.
«Hmph».
«¿Corre tan rápido porque se siente inferior?», pensó Lucrecia, arqueando una ceja con aire de suficiencia.
...
Diez minutos después.
Los tres primeros grupos de invitados, ya cambiados, aparecieron uno tras otro ante las cámaras.
Elba, Zaira y Severo llevaban trajes convencionales, diferenciados solo por los accesorios en el pecho.
Luego... Le tocó el turno a Lucrecia.
La luz del estudio se centró en ella, resaltando cada detalle de su exquisito traje de montar.
[Aunque no me caiga bien, hay que admitir que el traje de Lucrecia es precioso.]
[Es verdad, destaca entre la multitud.]
[He oído que buscó ese traje por todas partes y que le costó una fortuna.]
[Las intenciones de Lucrecia son más que evidentes.]
[La de arriba, ¿hace falta odiarla tanto? ¿Qué chica no quiere verse guapa?]
[Seguro eres una cuenta falsa de Lucrecia.]
[¿Y Leonardo y Aldana? He oído que sus trajes los consiguieron a última hora.]
La sección de comentarios estaba en pleno debate cuando, de repente, sonó una música emocionante y todas las miradas de los presentes se clavaron en la entrada.


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