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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 892

Lucrecia: [La hermanita de Leonardo juega a tres bandas].

Paparazzi: [¿En serio?].

En solo dos episodios, Aldana se había vuelto un fenómeno en internet. Muchos directores y agentes de renombre le habían hecho ofertas.

Si en ese momento conseguían una exclusiva así de grande, su carrera despegaría.

Lucrecia: [Por supuesto].

Tras decir eso, le envió al paparazzi todas las fotos que había tomado.

Eran tres imágenes, cada una con un hombre diferente.

En la primera, un hombre la abrazaba con una ternura desbordante en la mirada.

En la segunda, Aldana metía a un hombre en un coche, y sus gestos eran muy íntimos.

La tercera había sido tomada hacía dos días: un hombre le arreglaba el pelo con delicadeza.

Unos simples amigos no se comportarían de esa manera.

Al ver las imágenes, los ojos del paparazzi se abrieron como platos.

No se imaginaba que Aldana, que parecía tan pura e inocente, fuera tan desenvuelta en su vida privada.

Paparazzi: [¿Cuándo quieres que lo publique?].

Lucrecia: [El miércoles].

«Hoy ella ha sido el centro de atención. Seguro que estará muy contenta. Dejemos que disfrute su felicidad un par de días más».

«Así, cuando caiga, el golpe dolerá más».

***

El programa terminó.

Brunilda, con un ramo de flores en las manos, se acercó a Aldana y a Leonardo.

—Leonardo Valencia, señorita Carrillo. —El rostro de Brunilda resplandecía con una sonrisa radiante, y sus ojos reflejaban pura alegría—. Gracias por venir a participar en el programa «¡Hola, hermanita!».

—Me ha encantado pasar estos dos episodios con ustedes.

—El honor ha sido nuestro.

Leonardo sonrió levemente y miró a Aldana.

—Aldi tiene una personalidad muy alegre, espero que no le haya causado problemas.

—¿Cómo podría ser?

Los ojos de Brunilda se iluminaron de inmediato y exclamó emocionada:

—No sabes cuánto me gusta. Ojalá pudiera estar conmigo todos los días.

Al oír estas palabras, las pestañas de Lucrecia temblaron violentamente.

«A la directora Brunilda de verdad le gusta».

«Lo que no sabe es que, en el fondo, es una persona podrida».

Así que.

Y una de esas «bandas» era el señor Rogelio.

¿Significaba eso que al señor Rogelio le estaban poniendo los cuernos?

No, espera.

Al mismo tiempo que le ponían los cuernos al señor Rogelio, él también le estaba poniendo los cuernos a su prometida.

Tsk, tsk, tsk.

¡El karma existe, y nadie se libra de él!

¿Por qué la directora Brunilda no hacía nada?

—Deja que lo difunda. Déjalo correr. —Brunilda dejó el celular a un lado, se recostó en el sofá y bebió su café tranquilamente.

Cuando llegara el momento…

Quizás al ver lo mal que hablaban de ese muchacho, Rogelio, a Aldana se le ablandaría el corazón y por fin le daría un título oficial.

Y ella podría ir a la universidad a buscar a Aldi abiertamente.

Pensando en esto.

Brunilda soltó una carcajada.

El director a su lado la miró, completamente desconcertado.

¡¿Acaso Brunilda se había vuelto loca por el enojo?!

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