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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 16

Magdalena miró hacia arriba, observando el rascacielos gigante, mientras el sol brillante formaba un halo de luz.

Empujó las puertas de cristal y entró. La recepcionista estaba al teléfono, así que esperó un momento.

Cuando la chica colgó, ella sonrió y le dijo:

—Hola, soy Magdalena Sarmiento. Tengo cita con la directora Julia.

La recepcionista le devolvió una sonrisa amable, la guio hasta una sala de juntas y le ofreció un vaso con agua:

—Señorita Sarmiento, por favor, espere un momento.

Poco después, entró una mujer de unos treinta y tantos años. Tenía el cutis perfecto, así que era difícil adivinar su edad real; vestía a la moda y tenía mucha presencia.

—Señorita Sarmiento, lamento hacerla esperar.

Magdalena se puso de pie y le tendió la mano:

—Mucho gusto, directora Julia.

La directora le estrechó la mano y se sentó frente a ella, con una sonrisa muy elegante.

—Considerando que Mauricio te recomendó, la verdad es que no tenías que venir hasta acá; podías presentarte directo a trabajar.

Su tono era tranquilo, hasta se sentía un poco cálido.

Magdalena sonrió, pero sintió la necesidad de aclarar:

—Directora, no sé si Mauricio le comentó que no tengo experiencia laboral.

Desde que se graduó de la universidad en California, se había dedicado a pintar y dibujar, nunca había trabajado en una oficina.

Aunque el puesto se lo había conseguido Mauricio y entró por "palancas".

Sentía que debía pasar por el proceso formal para que sus nuevos compañeros no la hicieran a un lado después.

Pensando en hacer una buena obra, dejó su taza de café, se acercó con su mejor sonrisa y lo saludó con mucha familiaridad:

—¡Hola, Andy!

Ese cariñoso "Andy" hizo que Andrés pegara un brinco en su asiento. Él ya la había visto, pero como estaba con su chica, no quiso ir a saludarla.

Había dado por hecho que ella querría evitar a cualquiera relacionado con Lázaro Guzmán. Jamás se imaginó que se le acercaría y, mucho menos, que le hablaría con tanta confianza.

Antes, siempre le hablaba de usted y por su nombre completo. Y, claro, él tampoco se atrevía a pedirle que lo llamara simplemente Andrés.

Tenía muy presente que, por haber dejado que ella lo llamara Andrés una vez, Lázaro lo estuvo molestando durante un mes entero.

Cuando Lázaro se la presentó, ella apenas tenía dieciséis años, era una niña inocente que le decía "joven Vargas", algo que sonaba bastante raro.

Como era la novia de su mejor amigo, tanta formalidad lo incomodaba, así que la convenció de que le dijera Andrés.

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