Magdalena miró hacia arriba, observando el rascacielos gigante, mientras el sol brillante formaba un halo de luz.
Empujó las puertas de cristal y entró. La recepcionista estaba al teléfono, así que esperó un momento.
Cuando la chica colgó, ella sonrió y le dijo:
—Hola, soy Magdalena Sarmiento. Tengo cita con la directora Julia.
La recepcionista le devolvió una sonrisa amable, la guio hasta una sala de juntas y le ofreció un vaso con agua:
—Señorita Sarmiento, por favor, espere un momento.
Poco después, entró una mujer de unos treinta y tantos años. Tenía el cutis perfecto, así que era difícil adivinar su edad real; vestía a la moda y tenía mucha presencia.
—Señorita Sarmiento, lamento hacerla esperar.
Magdalena se puso de pie y le tendió la mano:
—Mucho gusto, directora Julia.
La directora le estrechó la mano y se sentó frente a ella, con una sonrisa muy elegante.
—Considerando que Mauricio te recomendó, la verdad es que no tenías que venir hasta acá; podías presentarte directo a trabajar.
Su tono era tranquilo, hasta se sentía un poco cálido.
Magdalena sonrió, pero sintió la necesidad de aclarar:
—Directora, no sé si Mauricio le comentó que no tengo experiencia laboral.
Desde que se graduó de la universidad en California, se había dedicado a pintar y dibujar, nunca había trabajado en una oficina.
Aunque el puesto se lo había conseguido Mauricio y entró por "palancas".
Sentía que debía pasar por el proceso formal para que sus nuevos compañeros no la hicieran a un lado después.

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