Magdalena había intentado hacerse invisible a toda costa, bebiéndose su taza hasta el fondo. Al levantar la tetera para servirse más, su mirada se cruzó por accidente con la de Renato. Su corazón dio un vuelco.
Dejó la taza en la mesa y se acercó a regañadientes:
—Presidente Jiménez.
Antes de llegar, el padre de Adrián le había dado un resumen sobre su cita a ciegas, por lo que sabía que Magdalena trabajaba en el Grupo Centauro. No le sorprendió en absoluto escucharla llamar a Renato "Presidente Jiménez", pero Bianca sí que se quedó sorprendida.
Adrián miró a Magdalena y dijo con un tono inflexible:
—Señorita Magdalena, me doy cuenta de que usted también fue obligada a venir a esta cita a ciegas. Siendo así, no perdamos nuestro tiempo. Tengo a una mujer que amo.
No había soltado la muñeca de Bianca en ningún momento. Aunque no mencionó el nombre de la mujer, todos los presentes entendieron perfectamente.
Al decir su última frase, usando un tono posesivo, le lanzó una mirada a Renato, cargada de una clara advertencia.
Renato ni siquiera movió un músculo de la cara. Mantuvo su expresión de absoluta indiferencia, ignorando por completo la amenaza del militar.
Después de que Adrián se llevara a rastras a Bianca, Magdalena se quedó allí sintiéndose tremendamente incómoda, junto a un Renato que parecía completamente ajeno a la situación.
Los ojos oscuros de Renato se clavaron en el rostro suave de Magdalena. Habló con un tono plano, pero con un innegable rastro de frialdad:
—¿Una cita a ciegas?
Al chocar con su mirada escrutadora, el corazón de Magdalena perdió el ritmo. Enfrentando esos ojos intimidantes, esbozó una sonrisa que escondía cierta autocompasión, y su voz sonó baja y suave:
—Así es.
No lograba entender por qué Adrián había ido a la cita si ya estaba enamorado de otra.
Si no hubiera venido, esta situación tan humillante nunca habría ocurrido. ¿Acaso a él también lo habían obligado en su casa, igual que a ella?
—Ayer en la cama me juraste que solo me amabas a mí, y hoy vienes a una cita a ciegas con otra. Queda claro que las promesas de los hombres en la cama no valen nada.
Los ojos de Adrián se entrecerraron peligrosamente y respondió con hostilidad:
—Fui obligado por mi padre. Y si hoy no te hubiera descubierto, ¿planeabas cenar con Renato Jiménez y luego terminar revolcándote con él en una cama?
Al escuchar unas palabras tan humillantes, el rostro de Bianca palideció y luego se enrojeció de ira:
—Si me quedo contigo, me pasaré la vida entera siendo tu amante escondida.
La familia Salinas tenía un largo historial militar y una mentalidad muy conservadora; jamás permitirían que una figura pública del espectáculo entrara a su familia.
Además, desde su debut, Bianca había estado rodeada de escándalos y la habían fotografiado entrando a hoteles con empresarios en varias ocasiones, algo que a los ojos de los Salinas era una deshonra inaceptable.

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