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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 2

Le devolvió el papel y el bolígrafo a Camilo.

—Yo arruiné el auto. Mi cuñado es Lázaro Guzmán, de la Corporación Guzmán. Si hay algún problema, puedes contactarlo y él te pagará los daños.

Lo dijo sin titubeos, con un tono neutro que llevaba un toque de arrogancia. Dicho esto, se dio la vuelta y se marchó.

Era la primera vez que Camilo se enfrentaba a una situación así. Miró por el retrovisor al hombre sentado en la parte trasera.

El rostro apuesto y frío del hombre no mostraba expresión alguna. Tenía la mandíbula tensa y en sus profundas y oscuras pupilas se asomaba un rastro de disgusto.

Camilo murmuró:

—Presidente Jiménez...

Otra persona desde un auto cercano vio toda la escena. El hombre en el asiento del conductor era el heredero de los Vargas, Andrés Vargas.

Se quedó mirando a Magdalena un buen rato. Cuando estuvo seguro de que no se había equivocado de persona, sacó su celular emocionado, dispuesto a hacer una llamada.

En el asiento del copiloto estaba sentada una mujer arreglada de forma seductora. Su acompañante se acurrucó contra él con coquetería, le quitó el celular y, haciendo un puchero, dijo:

—Andy, si estás conmigo, ¿a quién más tienes que llamar?

Andrés Vargas era de una familia adinerada, pero también un auténtico mujeriego; cambiaba de compañera a la misma velocidad que de ropa.

Era guapo, encantador y nunca escatimaba dinero en las mujeres, por lo que muchas estaban dispuestas a ser suyas con gusto, aunque solo fuera por un día.

Al verlo intentar llamar a alguien, su acompañante obviamente no estaba de acuerdo; quién sabe si mañana Andrés la botaría.

Por eso, debía vigilarlo cada segundo que pasara a su lado, para evitar que otra mujer se lo arrebatara.

Andrés vio cómo Magdalena subía a su auto, y girándose hacia su acompañante le exigió:

—Dame el celular, rápido.

La mujer se dio cuenta de lo que pasaba:

—¿Conoces a esa mujer?

—Sí, la conozco muy bien —Andrés le arrebató el teléfono de las manos, buscó emocionado el número de Lázaro Guzmán, pero su dedo se detuvo antes de marcar.

Si no había visto mal, el auto que Magdalena acababa de chocar era el de Renato Jiménez.

La voz de Andrés denotaba que estaba disfrutando el drama. Lázaro no dijo nada, esperando que continuara.

Sin esperar a que le preguntaran, Andrés le relató todo lo que acababa de suceder.

Lázaro no mostró una gran reacción al escucharlo, simplemente respondió un "Entendido".

Andrés no quedó satisfecho con esa respuesta y enfatizó deliberadamente que la otra parte involucrada era Renato Jiménez.

En Valle Niebla, no había nadie que no supiera quién era Renato Jiménez. Entró al mundo de los negocios a los veintidós años, asumió el cargo de presidente ejecutivo del Grupo Centauro a los veinticuatro, y era una figura cumbre en el sector empresarial.

Sus industrias abarcaban una amplia gama, monopolizando casi todas las venas económicas de Valle Niebla.

Hoy, con tan solo veintiocho años, su fortuna ya era incalculable.

Cualquiera inmerso en el mundo de los negocios sabía que Renato Jiménez era implacable y decisivo, que tomaba medidas feroces cuando era necesario, y que era alguien a quien no se debía ofender.

Andrés, buscando reconocimiento, dijo:

—Como buen amigo que soy, ya te reservé un salón privado en el Restaurante Palermo.

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