Le devolvió el papel y el bolígrafo a Camilo.
—Yo arruiné el auto. Mi cuñado es Lázaro Guzmán, de la Corporación Guzmán. Si hay algún problema, puedes contactarlo y él te pagará los daños.
Lo dijo sin titubeos, con un tono neutro que llevaba un toque de arrogancia. Dicho esto, se dio la vuelta y se marchó.
Era la primera vez que Camilo se enfrentaba a una situación así. Miró por el retrovisor al hombre sentado en la parte trasera.
El rostro apuesto y frío del hombre no mostraba expresión alguna. Tenía la mandíbula tensa y en sus profundas y oscuras pupilas se asomaba un rastro de disgusto.
Camilo murmuró:
—Presidente Jiménez...
Otra persona desde un auto cercano vio toda la escena. El hombre en el asiento del conductor era el heredero de los Vargas, Andrés Vargas.
Se quedó mirando a Magdalena un buen rato. Cuando estuvo seguro de que no se había equivocado de persona, sacó su celular emocionado, dispuesto a hacer una llamada.
En el asiento del copiloto estaba sentada una mujer arreglada de forma seductora. Su acompañante se acurrucó contra él con coquetería, le quitó el celular y, haciendo un puchero, dijo:
—Andy, si estás conmigo, ¿a quién más tienes que llamar?
Andrés Vargas era de una familia adinerada, pero también un auténtico mujeriego; cambiaba de compañera a la misma velocidad que de ropa.
Era guapo, encantador y nunca escatimaba dinero en las mujeres, por lo que muchas estaban dispuestas a ser suyas con gusto, aunque solo fuera por un día.
Al verlo intentar llamar a alguien, su acompañante obviamente no estaba de acuerdo; quién sabe si mañana Andrés la botaría.
Por eso, debía vigilarlo cada segundo que pasara a su lado, para evitar que otra mujer se lo arrebatara.
Andrés vio cómo Magdalena subía a su auto, y girándose hacia su acompañante le exigió:
—Dame el celular, rápido.
La mujer se dio cuenta de lo que pasaba:
—¿Conoces a esa mujer?
—Sí, la conozco muy bien —Andrés le arrebató el teléfono de las manos, buscó emocionado el número de Lázaro Guzmán, pero su dedo se detuvo antes de marcar.
Si no había visto mal, el auto que Magdalena acababa de chocar era el de Renato Jiménez.

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