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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 213

El ambiente en el bar era vibrante y electrizante, impregnado de una atmósfera de soledad y coqueteo. Las luces de colores parpadeaban sin cesar y la música retumbaba con una fuerza ensordecedora.

En uno de los reservados, el gerente Vicente y los demás ya estaban un poco pasados de copas. Solo Renato se mantenía sobrio, aunque, bajo el destello de las luces, su mirada, usualmente astuta y profunda, parecía ligeramente perdida.

En los últimos días, no solo él, sino también Camilo, habían notado su irritación. Esa frustración nacía cada noche al regresar al hotel y encontrarse con la habitación a oscuras.

Desde aquella primera noche, cada vez que regresaba, lo recibía un silencio ensombrecido, aunque en el calentador de la cocina siempre estaba la comida que esa mujer le había dejado preparada.

Después de cuatro o cinco días, la frustración se transformó en decepción. Sentía como si le hubieran arrancado un pedazo del corazón.

Irritado, bebió el contenido de su vaso de un solo trago, se levantó y tomó la chaqueta que estaba a su lado.

—Sigan disfrutando, yo me retiro.

Ignoró los gritos de Vicente y los demás, y caminó hacia la salida. Camilo se apresuró a seguirlo. Al llegar al hotel, pasó su tarjeta por la puerta de la suite y descubrió que las luces de la sala estaban encendidas.

Se quedó pasmado un segundo y entró, buscando casi por instinto a cierta persona. La inmensa sala estaba vacía, sumida en un silencio en el que hasta la caída de un alfiler resonaría.

Caminó hacia la habitación con el corazón latiendo desbocado. Al acercarse al sofá y comprobar que no había nadie, su agitado corazón se desplomó como una piedra, recuperando la calma de golpe. Esa punzada de decepción fue innegable.

—¿Ya regresaste?

Se dio la vuelta abruptamente. En la puerta de la cocina estaba Magdalena, luciendo un atuendo rosa viejo. Llevaba en las manos un plato de pasta con carne que desprendía un humo apetecible, recién sacado del fuego.

Él la observó con una mirada tan profunda y oscura que le puso los pelos de punta. Ella se humedeció los labios.

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