Oficina del presidente de la empresa Guzmán.
Lázaro Guzmán arrojó el periódico contra su escritorio con tanta fuerza que Mateo encogió los hombros por el susto. Hacía años que el presidente Guzmán no perdía los estribos; la única persona capaz de desatar su furia era la señorita Magdalena.
El atractivo rostro de Lázaro estaba tenso y frío como el hielo.
—Dime qué significa esto —exigió con voz severa.
Mateo miró el periódico de reojo, sintiendo que el alma se le caía a los pies. Había seguido las instrucciones al pie de la letra para evitar que la cancelación del compromiso del Consorcio Vargas saliera a la luz, pero los medios lo habían publicado de todas formas.
Y por si fuera poco, habían arrastrado a Magdalena en el escándalo. El titular gritaba: "Se cancela la unión entre las familias Sarmiento y Vargas. El sueño de la señorita Magdalena de casarse con la alta sociedad se esfuma; a punto de convertirse en una heredera arruinada".
Mateo sabía mejor que nadie que, para Lázaro, Magdalena era más valiosa que su propia vida; un tesoro intocable.
No era de extrañar que el presidente estuviera furioso al ver cómo la prensa la retrataba como a una mujer interesada.
Tragó saliva con dificultad antes de hablar.
—Hice todo como me lo ordenó, me aseguré de que estuviera bajo control. No entiendo cómo... cómo lograron filtrarlo. Ya me comuniqué con ellos, pero se niegan a soltar información. No pude averiguar nada.
La mirada ensombrecida de Lázaro carecía de toda calidez.
—Compra todas esas publicaciones de inmediato. Mueve tus contactos y haz que los medios desvíen su atención hacia Bianca Silva. Entierra la noticia de ayer por completo.
—Sí, Señor Guzmán. Me encargo enseguida —asintió Mateo.
[...]
Grupo Centauro.
Renato Jiménez estaba revisando unos correos en su computadora cuando Camilo llamó a la puerta y entró. Se paró frente al escritorio para dar su reporte.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Casé con el que Pagó Mi Venganza