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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 248

Por más que Magdalena intentara mantener la compostura, las bromas de los presentes hicieron que se sonrojara hasta las orejas. Ese rubor en sus mejillas pareció confirmar las sospechas de todos, quienes soltaron carcajadas aún más fuertes.

Renato entrecerró los ojos y, al levantar la mirada, desató una ráfaga helada sobre la mesa, cortante como una navaja.

En cuanto los ojos de Magdalena se toparon con los de él, su corazón dio un vuelco. El calor en su rostro desapareció en un instante, dejando sus manos y pies fríos como el hielo.

Andrés, pareciendo ignorar deliberadamente a Renato, sonrió con malicia.

—He estado tan ocupado estos días que la descuidé un poco. Estaba haciéndome un berrinche y me tomó un buen rato contentarla.

El salón estalló en risas.

—Así son las mujeres, siempre hay que consentirlas —comentó uno—. Aunque la señorita parece tener un carácter muy dulce, no creo que sea de las que hacen dramas por todo.

La mirada de Renato se volvió aún más lúgubre, y sus facciones se endurecieron. Empezó a jugar con su encendedor de forma aparentemente distraída.

Magdalena caminó a pasos lentos hasta su asiento, tomó un sorbo de agua para intentar disimular su incomodidad.

Al terminar la cena, el grupo salió del restaurante. El asistente de Andrés acercó su auto, y él se volvió hacia Magdalena.

—Magda, yo te llevo a tu casa.

Sintiendo el aura gélida que emanaba del hombre a su lado, ella se apresuró a rechazar la oferta.

—El Presidente Jiménez tomó alcohol, tengo que llevarlo yo.

Él no había llevado a ningún otro asistente esa noche. Si ella se iba, ¿iba a dejar que manejara borracho?

Andrés se acercó, le acarició el cabello con cariño y le dijo con voz melosa:

—Avísame en cuanto llegues a casa, no quiero estar preocupado.

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