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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 249

Magdalena abrió los ojos de par en par. Hace unos segundos parecía querer ahorcarla, ¿y ahora la estaba besando?

Giró el rostro para esquivarlo, y el beso terminó aterrizando en su cuello. Tratando de recuperar el aliento, soltó:

—La Señora Jiménez lo espera en su casa.

Renato la sujetó por la cintura, hundiendo el rostro en su cuello. Su respiración agitada y el aire caliente que salía de su boca se colaban por su piel, amenazando con derretirla.

El suave perfume natural de ella lo envolvió. Inhaló profundamente, dejando que esa delicada fragancia llenara sus pulmones. Su voz sonó un poco ronca.

—Magdalena, ¿puedes olvidar a Lázaro Guzmán?

Ese hombre ya era su cuñado, una realidad inalterable.

—¿De qué me sirve aferrarme a alguien que no es mío? —respondió ella con una calma pasmosa—. Si no puedo olvidarlo en un día, lo haré en un año, o en tres. Tarde o temprano, dejará de importarme.

Olga, que había escuchado el motor del auto pero no veía entrar a Renato, decidió salir a ver qué pasaba.

Al estar parados detrás del vehículo, no se veían desde la entrada principal de la casa. Extrañada, la mujer rodeó el coche, y al verlos abrazados, se dio la media vuelta de inmediato.

—Señor, yo... discúlpeme la interrupción...

Renato soltó a Magdalena, recuperando su habitual fachada de control y frialdad. Haciendo caso omiso a las palabras de Olga, se dirigió al lado del conductor.

—Te llevo a tu casa.

La zona de Bahía del Sur era un área exclusiva para millonarios, todos tenían auto propio, por lo que conseguir un taxi ahí era misión imposible.

—Pero usted estuvo tomando... —dudó ella.

Renato abrió la puerta.

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