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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 253

—Tú mismo lo has dicho, eso fue antes —respondió Leonardo Guzmán, dándole una mirada rápida a Magdalena. Aunque le hablaba a Kevin, su vista de reojo estaba fija en Lázaro. Al notar que la expresión de este cambiaba sutilmente, el desafío en los ojos de Leonardo se volvió mucho más intenso.

Magdalena ignoró por completo las insinuaciones de Leonardo. Con semblante sereno, se acercó a la cama y colocó la cesta de frutas y las flores en la mesa de noche.

—Don Matías, ¿se siente un poco mejor?

Habían pasado apenas tres años desde la última vez que lo vio, pero Magdalena casi no lo reconocía. Se veía terrible; apenas rondaba los cuarenta y tantos, pero sus sienes ya estaban cubiertas de canas. Tenía la piel flácida y los pómulos resaltaban en su rostro envejecido.

Por el contrario, Matías la reconoció al instante. Al hablar, ya no tenía ese tono dominante de antes, sino que sonaba mucho más cercano.

—Magdalena, viniste.

Ella respondió con un tono dulce y tranquilo:

—Me enteré de que estaba enfermo, así que vine a visitarlo.

Magdalena no se quedó mucho tiempo en el hospital; tras media hora, se despidió. Lázaro salió con ella, pero ella rechazó cortésmente su invitación a cenar juntos.

Como había llevado su propio auto, ambos partieron en sus respectivos vehículos, uno detrás del otro. Las rutas hacia la casa de la familia Guzmán y la mansión Sarmiento iban en direcciones opuestas, pero al llegar a la intersección donde debían separarse, ella vio por el espejo retrovisor que Lázaro seguía detrás. No le dio importancia a lo que él pretendía hacer; lo dejó seguirla hasta la puerta de la mansión Sarmiento, y solo entonces él dio la vuelta para marcharse.

...

En su oficina, Renato Jiménez sostenía un documento, con el ceño fruncido.

—¿Qué le pasa a ella estos últimos dos días?

Le había pedido que imprimiera un documento y estaba lleno de errores tipográficos, algunos demasiado evidentes. ¿De verdad no los había notado?

Sus equivocaciones en el trabajo eran constantes. Esa misma mañana en la reunión, Camilo le había pedido que guardara en la memoria USB la información del último proyecto inmobiliario, y ella había copiado un archivo totalmente distinto, haciendo que Camilo pasara vergüenza frente a todos.

Camilo tampoco entendía qué le sucedía. Le había preguntado, pero ella no decía nada.

—Debe estar pasando por un mal momento o quizás no se siente bien de salud.

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