Magdalena le dedicó una leve sonrisa de profundo agradecimiento. Pensaba buscar esas palabras en internet después de la reunión, pero él acababa de ahorrarle el problema.
Durante el resto de la junta, cada vez que Magdalena encontraba otra palabra técnica que no comprendía, simplemente le daba un ligero tirón a la manga de Renato.
Él tomaba la libreta, escribía la traducción, se la devolvía y ella continuaba con sus anotaciones con normalidad.
Después de una hora y veintiocho minutos, la reunión concluyó. Johnson, al otro lado de la pantalla, no pudo contener la curiosidad.
—Presidente Jiménez, ¿hay alguien a su lado?
Antes de que Renato pudiera contestar, otro de los directivos interrumpió:
—Seguramente es Camilo tomando los apuntes de la reunión.
Johnson negó con la cabeza.
—No, vi la mano de una mujer, muy delicada.
Magdalena se sintió avergonzada. Seguramente la habían visto cuando tomaba de vuelta su cuaderno de manos de Renato.
El asistente de Johnson intervino:
—Probablemente sea la señorita Sarmiento.
Al ser mencionada directamente y dado que la reunión ya había terminado, Magdalena no podía seguir fingiendo que no estaba allí.
Se asomó hacia la pantalla para saludar a Johnson y a su equipo.
—Hola a todos.
Johnson soltó una carcajada.
—Señorita Sarmiento, a ese saludo le falta mucha creatividad.
Para poder asomarse bien a la cámara, Magdalena tuvo que inclinarse bastante, quedando prácticamente apoyada contra el cuerpo de Renato.
El suave aroma que desprendía invadió de golpe el olfato de él, agitando las aguas de su interior y dejándolo completamente perturbado.
Magdalena y el equipo de Johnson conversaron animadamente durante un momento, sin darse cuenta en absoluto de lo increíblemente íntima que resultaba su postura junto a su jefe.
Tras intercambiar un par de palabras, cortaron la videollamada. Magdalena regresó su silla a su lugar y tomó la libreta de apuntes, lista para marcharse.
Fue entonces cuando la voz distante y fría de Renato rompió el silencio.

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