Magdalena escuchaba con atención cuando, de pronto, sintió una mano sobre su hombro. Asustada, se dio la vuelta y, al ver a la persona frente a ella, abrió los ojos con terror. Instintivamente retrocedió un paso, sus pantorrillas chocaron contra el borde de la jardinera y casi se cae.
Kevin la sostuvo del brazo y, tras mirar a las dos personas que hablaban a lo lejos, le dirigió una sonrisa falsa.
—Espiar no es una buena costumbre, señorita Sarmiento.
Ella dio un paso hacia un lado, apartando la mano que la sostenía. Tenía las palmas sudorosas, pero mantuvo una expresión de total tranquilidad.
—Solo pasaba por aquí de casualidad. En cuanto a eso que llama espiar, no tengo esa afición.
Kevin había estado detrás de ella todo el tiempo, así que sabía perfectamente cuánto había escuchado. Clavando la mirada en su hermoso rostro, sonrió con malicia.
—Antes pensaba que te convertirías en la esposa de mi hermano. Qué lástima que Lázaro se haya casado con otra. Mejor deberías quedarte conmigo.
Magdalena apartó la mano con la que él intentaba tocar su mejilla. Sus ojos reflejaban un frío intenso.
—Mi madre me sigue esperando en su habitación. Adiós —dijo, y pasó por su lado sin mirarlo.
El ruido de la discusión alertó a Leonardo y a la señora Guzmán, quienes interrumpieron su conversación de inmediato. Al ver la figura de Magdalena alejarse, el corazón de la señora Guzmán dio un vuelco. Cuando Kevin se acercó a ellos, su madre le preguntó de inmediato.
—¿Cuánto escuchó?
Kevin respondió con la mirada oscurecida.
—Todo lo que no debía.
...
Magdalena regresó a la habitación, se quedó un par de minutos y luego se marchó del hospital junto a Beatriz.
Beatriz llevaba días hablando de su adorada nieta. Al pasar por un centro comercial, Magdalena la acompañó a comprarle ropa y juguetes a Reina, con la intención de ir a visitar a la familia Guzmán.
Al salir del centro comercial, Beatriz se encontró con una conocida, una señora de una familia intelectual y adinerada, quien la invitó a recorrer el mercado de flores.
A Beatriz le encantaba la jardinería y las flores, por lo que la propuesta la tentó de inmediato. Miró a su hija con cierta duda.
—Magda, ¿por qué no llevas tú todo esto a casa de los Guzmán? Yo iré a visitar a Reina en otra ocasión.

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