La directora Liliana llevaba un vestido rojo oscuro y el cabello suelto, un corte que le llegaba a los hombros. Ese estilo relajado era muy diferente al aspecto formal que mostraba en el trabajo, lo que la hacía lucir mucho más joven.
Al escuchar el cumplido, no pudo ocultar su sonrisa. Echó un vistazo a las espaldas de Magdalena y bromeó:
—¿Viniste de vacaciones con tu novio?
Como Renato estaba de espaldas, ella no pudo ver su rostro. Sin embargo, su postura dejaba claro que era un joven extraordinario, y por su ropa, seguramente provenía de una familia adinerada.
Santiago soltó la bomba:
—Directora, ese es el presidente Jiménez.
La directora quedó atónita:
—¿El presidente Jiménez? ¿El del Grupo Centauro?
Santiago puso los ojos en blanco:
—¿Cuántos presidentes Jiménez crees que hay en todo Valle Niebla?
Los demás empleados de la revista abrieron los ojos como platos. ¿El novio de Magdalena era nada más y nada menos que el presidente del Grupo Centauro?
Bajo la mirada atónita de tantas personas, Magdalena se acomodó el cabello detrás de la oreja con timidez y asintió.
Con tantos años de experiencia en el mundo corporativo, la directora Liliana había visto todo tipo de cosas. Tras unos segundos de sorpresa, recuperó la compostura y le dijo con una sonrisa pícara:
—Magda, tienes a un hombre como el presidente Jiménez comiendo de tu mano. Eres increíble.
Al darse la vuelta y ver que todos lo miraban fijamente y que Magdalena estaba abochornada, Renato frunció el ceño. Con paso firme, se acercó al grupo.
La directora y los demás apenas pensaban en acercarse cuando lo vieron caminar hacia ellos. En cuanto llegó, la directora extendió la mano:
—Presidente Jiménez, un gusto saludarle. Soy Liliana, la directora de la Revista Metrópolis.

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