—Sí —respondió Jaime Zavala.
Renato buscó por inercia un cigarrillo en sus bolsillos y, al no encontrar nada, habló con un tono helado y penetrante:
—¿Sabes qué hubiera pasado si yo hubiera llegado un segundo más tarde?
Aunque ninguno de los dos subordinados había estado presente, podían imaginar la escena a grandes rasgos. Especialmente Camilo, quien había visto con sus propios ojos las heridas de su jefe y entendía perfectamente el grado de peligro.
Jaime guardó silencio. Los profundos ojos de Renato parecían cubiertos por una capa de escarcha mientras soltaba unas palabras crueles y directas:
—Habría muerto allí mismo.
Jaime inhaló profundamente y pronunció cada palabra con lentitud:
—Este asunto no tiene nada que ver con mi hermana.
—Jaime Zavala. —Renato arrastró las sílabas de su nombre con voz calmada, pero su mirada destilaba furia—. Tú no has experimentado ese sentimiento en carne propia, no has estado al borde de perderlo todo, así que no lo entiendes. Deberías saber que, si ella y el bebé hubieran sufrido el más mínimo accidente, Liliana Zavala no solo habría sido despedida de la revista.
Jaime apretó los labios con fuerza. Durante el camino hacia el hospital ya lo presentía; no había margen para la negociación. Solo había venido a intentarlo, y el resultado fue exactamente el que esperaba.
Cuando Magdalena regresó con los medicamentos, Renato estaba solo en la habitación.
—¿Se fueron tan rápido?
Renato arqueó una ceja.
—¿Esperabas que se quedaran a almorzar?
Ese comentario la dejó sin palabras. Tomó una jarra para servir un vaso de agua, esperó un par de minutos a que se enfriara y sacó unas pastillas siguiendo las instrucciones de las cajas. En total, eran unas diez cápsulas y grageas que le entregó.
Renato se metió todas las pastillas a la boca de golpe, tomó el vaso de agua que ella le ofrecía y tragó todo de una vez.
—¿Quieres comer fruta? —preguntó ella.
Él negó con la cabeza.
—Distráete un rato, voy a revisar unos documentos.
Magdalena asintió. Regresó al sofá, se puso los audífonos y comenzó a ver una serie en su celular, mientras Renato trabajaba en su computadora portátil respondiendo correos.
Al terminar de ver una película, ella tomó la jarra para ir por más agua. Cuando regresó, notó que había dos personas más en la habitación.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Casé con el que Pagó Mi Venganza