Habían hecho hasta lo imposible por conseguir la entrevista, y tras el rechazo repetido, la paciencia de Magdalena había llegado a su límite.
Benjamín, justo en ese momento, había tocado su punto más sensible, así que a ella le importaba muy poco el respeto hacia su cargo.
Las palabras de la joven desfiguraron el rostro del alcalde, quien se burló con frialdad:
—Señorita Sarmiento, si no fuera por el respeto que le tengo a su padre, no estaría aquí aguantando sus insolencias. Perfectamente podría mandarla arrestar por obstrucción a la autoridad. Al final, no es más que una chiquilla valiéndose del apellido de su familia.
Magdalena no se inmutó; mantenía una sonrisa que parecía amable, pero ocultaba hielo.
Estaba a punto de abrir la boca para responder, pero Santiago, presintiendo el desastre, tiró de su manga y comenzó a pedirle mil disculpas al lívido alcalde.
Benjamín no quiso escuchar más, soltó un bufido y se alejó con pasos pesados junto a su secretario.
Magdalena intentó correr tras él, pero Lázaro volvió a agarrarla del brazo. Giró la cabeza hacia Mateo, su asistente, quien captó la indirecta y corrió al estacionamiento a buscar el auto.
Ella se soltó bruscamente, sin importarle que Santiago estuviera ahí observando, y le espetó con frialdad:
—¡No te metas en lo que no te importa!
Lázaro metió las manos en los bolsillos del pantalón. A sus espaldas brillaban las luces neón del hotel, dándole un aire aún más esbelto y melancólico.
Con el ceño fruncido, le advirtió:
—Eres la señorita de la familia Sarmiento; cada paso que das tiene consecuencias para los tuyos. Si te arrestaran por obstrucción, en el mejor de los casos sería un escándalo, y en el peor, desplomarías las acciones de la Corporación Sarmiento. Debes ser más prudente.
Magdalena esbozó una sonrisa amarga.
—Qué considerado eres con mi familia.
Santiago, ajeno a la tensión que se cortaba con un cuchillo, intervino con la mejor de las intenciones:
—Magda, el presidente Guzmán es tu cuñado, es casi parte de tu familia. Es normal que se preocupe por ustedes.

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