El grupo de WhatsApp explotó de emoción. Ximena le preguntó a la enfermera sobre el estado de Teresa y, al ver que estaba bien, se regresó al hotel.
Tras dos bolsas de suero, Nicanor pidió que le quitaran la aguja, recogió las medicinas y cargó a Teresa hasta el auto para llevarla de vuelta.
Manejó despacio, cuidando que ella no se despertara.
Cuando Teresa abrió los ojos, ya estaba acostada en la cómoda cama del hotel. Aún se sentía adormilada y con cierta pesadez estomacal.
Al intentar moverse, sintió un peso sobre ella. Giró la cabeza y vio a Nicanor dormido a su lado, aferrándola con su brazo y manteniendo la mano tibia sobre su barriga.
Apenas se recorrió unos centímetros, Nicanor, de sueño ligero, se despertó de inmediato. Medio adormilado, se frotó contra ella y la jaló aún más hacia su pecho. —No te muevas, duerme un rato más.
Teresa lo empujó levemente, con voz rasposa. —Necesito ir al baño.
Al escucharla, Nicanor abrió los ojos, la miró, destapó las sábanas y la cargó en brazos hasta el baño.
La dejó parada frente al inodoro e intentó bajarle los pantalones. Teresa, en pánico, le agarró las manos. —¿Qué haces?
—¿Puedes sola? —preguntó alzando una ceja.
—Tengo gastroenteritis, no estoy paralítica. Salte de aquí —le soltó ella, mordiéndose el labio.
—Como quieras. Si no puedes levantarte, grita —dijo Nicanor antes de cruzarse de brazos y quedarse plantado en el umbral de la puerta.
Teresa hizo sus necesidades y se lavó el rostro para espabilarse, aunque el espejo le seguía devolviendo el reflejo de alguien convaleciente.
Al salir, Nicanor vio que ya se había peinado y frunció el ceño. —¿No vas a seguir durmiendo?
Teresa lo esquivó y caminó hacia su maleta para sacar ropa limpia. —Vine aquí a trabajar.
—¿Vas a trabajar viéndote así de demacrada? —Nicanor la tomó del brazo, furioso—. Yo resuelvo tus pendientes. Tu única tarea de hoy es meterte a la cama.
Ella frunció el ceño. —No te metas.
—Ja.
Nicanor ya estaba harto de su obstinación. La tomó por la mandíbula y la besó brutalmente.
La fuerza de Teresa era inútil contra él. Nicanor forzó sus labios, abriendo paso para enredar su lengua con la de ella, devorándola con un beso posesivo y profundo.
En el silencio de la habitación, solo se escuchaba el húmedo eco de sus besos desesperados.
Ximena arrimó una mesita a la cama y colocó el desayuno que traía. —¿Cómo te sientes, Teresa? Ayer me pegaste un susto horrible.
—Mucho mejor —respondió Teresa, viendo la comida ligera—. Lamento haberte preocupado.
—Ay, ni digas, yo ni hice nada. Todo el mérito es del señor Núñez —dijo Ximena, mirándola con una sonrisa pícara—. ¡Qué sorpresa, eh! Conque ustedes dos tienen algo... ¡y lo tenías tan escondidito!
—No es verdad —dijo Teresa suavemente.
Ximena se quedó atónita. —¿Cómo que no?
Teresa: —No tenemos ese tipo de relación.
Ximena sintió que metía la pata; al ver que Teresa no estaba bromeando, entendió que estaba cruzando la línea de su vida privada. Cambió de tema rápido: —Ah, bueno... Entonces desayuna y quédate descansando. Yo iré a visitar las fábricas, en la noche te traigo el reporte.
—No te preocupes. Aprovecha y date el día libre para pasear por Linares —le dijo Teresa—. Nicanor se llevó la lista. Seguramente mandará a sus subordinados a revisar todo. Su personal es mucho más rápido que nosotras, solo nos toca esperar.
Sabiendo el enorme poder que tenía Nicanor para movilizar gente en minutos, Ximena se alegró. —Perfecto. De todos modos, me avisas si necesitas algo.
Ximena se tomó el día libre. Sin embargo, Nicanor, que debía haber regresado temprano, no dio señales de vida hasta ya entrada la noche.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA