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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 920

Ximena regresó con unas bolsas de pan dulce. Al pasar por el cuarto de Teresa, caminó de puntitas para no despertarla, pero notó que la puerta estaba entreabierta y la luz prendida.

Se asomó y vio a Teresa sentada en el borde de la cama, mirando su teléfono con el ceño levemente fruncido.

—Teresa, te traje pan dulce. ¿Todavía no llega el señor Núñez? —preguntó Ximena asomando la cabeza.

Teresa negó con la cabeza y bloqueó su celular. Habían pasado dos horas desde que le mandó un mensaje de texto y seguía sin contestar.

Ximena comentó: —Está cayendo un tormentón afuera. Si en el pueblo llueve así, en la montaña ha de estar peor, con deslaves y todo. ¿Estará bien el señor Núñez?

—Dudo mucho que haya ido él mismo —respondió Teresa, aunque su mirada se tornó sombría al ver las gotas de lluvia azotar la ventana.

Ximena notó su preocupación, pero tuvo el tacto de no preguntar más, dejó el postre y se fue a su cuarto.

Teresa esperó otro rato. La tormenta parecía empeorar. Miró su teléfono: eran casi las once de la noche, y el mensaje seguía sin ser leído.

Se mordió el labio y terminó por llamarlo.

Sin embargo, la operadora respondió: "El número que usted marcó se encuentra fuera del área de servicio".

Teresa frunció el ceño. ¿Se habría atrevido a ir a las fábricas en persona?

Dio la medianoche. Teresa, dispuesta a pedirle a Melisa que rastreara a Nicanor para evitar una desgracia de la que ella sería responsable, estaba a punto de marcar cuando la puerta se abrió.

Giró la cabeza de golpe y vio a Nicanor entrar hecho un desastre. Estaba empapado hasta los huesos; sus zapatos estaban tan cubiertos de lodo que no se distinguía su color original, y cada paso dejaba una huella en la alfombra.

En su mano llevaba la carpeta, pero apenas con los bordes ligeramente húmedos.

—¡¿Qué te pasó?! —Teresa se enderezó, sintiendo un nudo en la garganta.

—Fui a revisar tus fábricas, ¿a qué más? Y me agarró la tormenta en la montaña. ¿Qué tiene de raro que venga así?

Nicanor tiró el folder en la mesita. —Toda la evidencia y las fotos que ocupas están en mi teléfono. Pásame tu WhatsApp para mandártelas.

Teresa abrió la carpeta. Eran las mismas hojas, pero repletas de apuntes y correcciones hechas con la caligrafía de él.

Estaba genuinamente estupefacta. Luchando por controlar sus emociones, preguntó: —¿Fuiste tú solo?

Nicanor: —¿Y quién más?

Teresa: —¿Y por qué no enviaste a tu gente?

Él sonrió con sarcasmo. —Es un encargo tuyo. Si mando a mis empleados y hacen un mal trabajo, seguro me echarías la culpa. Preferí hacerlo yo mismo.

Teresa jamás imaginó que él llegaría a esos extremos. Lo agregó a WhatsApp y le dijo en voz baja: —Gracias.

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