—Si no vuelves hoy, mañana el abuelo nos echará a la calle a Pedro y a mí —confesó el hombre, acercándose a ella y mirándola con sus ojos distantes—. No voy a permitir que destruyas a esta familia.
Así que era eso. El abuelo estaba detrás de todo. Por eso la había llamado en mitad de la noche, exigiéndole que volviera. Incluso había llegado a amenazarla con no firmar el divorcio si no lo hacía.
Sin darle tiempo a responder, Esteban la levantó en brazos. El súbito desequilibrio la hizo aferrarse por instinto a la tela de su saco. Una vez estabilizada, comenzó a golpear su espalda.
—¡Esteban, bájame!
Pero él la ignoró por completo y siguió caminando hacia el otro lado de la calle. Abrió la puerta del carro y la metió en el asiento trasero.
—Conduce —le ordenó a su asistente, Valentino Suárez, que estaba al volante.
—Sí, señor Flores.
Justo cuando el carro arrancaba, Fiona intentó abrir la puerta para salir, pero la mano de Esteban la sujetó con una fuerza implacable.
Por alguna razón, la idea de volver a la Villa San Telmo le revolvía el estómago. Era su casa conyugal, el lugar donde habían vivido como familia durante años. Pero también era el escenario donde Bianca había destrozado su vida. Sentía un rechazo visceral hacia ese lugar; si pudiera, no volvería a poner un pie allí jamás.
—Suéltame. —Fiona lo miró, sus ojos convertidos en dos trozos de hielo.
—Quédate quieta. No te haré nada. Solo necesito calmar al abuelo, y todo estará bien —dijo Esteban, apretando su muñeca con más fuerza.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera