Entrar Via

Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1079

—¿No te cansa vivir con una máscara puesta todo el día?

Jimena levantó la cara con furia, pero la mano libre de Isabela cayó firmemente sobre su cabeza, empujándola hacia abajo sin esfuerzo.

El agarre en la muñeca era de acero, inquebrantable. Jimena pronto se dio cuenta de que no podía zafarse y, por miedo a que Isabela realmente empezara a arrancarle el pelo a tirones, dejó de lanzar manotazos ciegamente.

—¡Isabela, me arruinaste la vida, esto no se quedará así! —gritó Jimena llena de odio, casi escupiendo las palabras.

El rostro de Isabela era un témpano de hielo.

—¿Yo te arruiné la vida? Jimena, ¿de verdad te atreves a decir eso? ¿Acaso no fuiste tú quien ha intentado destruirme sin éxito desde el primer día? ¿O simplemente estás pagando el precio por tus propias decisiones?

—¿Ya no te quiere Rodrigo?

—Elías ya no te ama y Rodrigo no te quiere ver ni en pintura. Los dos hombres de tu infancia, los que decían que eras la mujer de su vida, se alejaron de ti. Te has convertido en el chiste más grande del vecindario. Tenías las cartas perfectas y tú solita te encargaste de quemarlas.

—¿Quieres saber por qué perdiste? Perdiste por ser avariciosa, por creer que te lo merecías todo. Eres egoísta, cruel, y siempre asumiste que todos los demás debían orbitar alrededor de ti. Qué pena, porque ya ninguno de tus adorados perritos falderos quiere estar cerca de ti.

—Siempre quisiste aplastarme bajo tu zapato. No tolerabas la idea de verme triunfar. Qué triste para ti que ahora soy feliz, estoy triunfando y viviendo una vida mucho mejor que la tuya. Puedes volverte loca de envidia si quieres, porque entre más rabia tengas, más feliz voy a ser yo.

Jimena balbuceó, ahogada por el coraje:

—...¡Isabela, suéltame! ¡Pelea conmigo mano a mano si de verdad te atreves!

Isabela le dio un par de palmaditas burlonas en la mejilla.

—¿Mano a mano? Sin tus guardaespaldas de la infancia para que te mimen y defiendan, perderás con cualquiera que se te cruce.

Por supuesto que no se iba a rebajar a pelear con Jimena, además, ella estaba embarazada. Si armaban un escándalo y algo le llegaba a pasar a ese bebé, Jimena tendría la excusa perfecta para echarle toda la culpa.

—Si fuera tú, me iría corriendo a buscar a Rodrigo. Lloraría, rogaría y le pediría perdón de rodillas. Después de todo, tienen décadas de conocerse, en el fondo debe quedarle un poco de amor por ti.

—¿Sabes qué? Hace poco Rodrigo me llamó. Me preguntó con voz muy triste si no quedaba nada de cariño fraternal entre nosotros.

Jimena, temblando, sacó su teléfono y volvió a marcar el número de Rodrigo. Escuchó el tono de llamada repetidas veces, pero él jamás contestó.

Durante la tarde, sus padres habían ido juntos a buscarlo a sus oficinas para intentar hablar con él. Rodrigo mandó a decir que estaba demasiado ocupado y simplemente se negó a ver a sus propios suegros.

Y, por si fuera poco, esa estúpida secretaria, la misma con la que le había sido infiel, volvió a presentarse a trabajar en las oficinas del Grupo Méndez como si nada hubiera pasado... y seguía siendo su secretaria.

¿Rodrigo de verdad la iba a echar a la calle?

Jimena entró en pánico de verdad.

Ya había perdido el apoyo incondicional de Elías, si también perdía a Rodrigo...

No quería ni imaginarlo. Si Rodrigo decidía que ya no la quería y le pedía el divorcio, ¿cómo iba a poder volver a poner un pie en la alta sociedad de Nuevo Horizonte?

Sería la comidilla de todas las fiestas, el blanco de todas las burlas. Antes, todas las mujeres morían de envidia por ella, por lo afortunada que era al tener a dos hombres tan poderosos e increíbles orbitando a su alrededor. Si perdía a los dos al mismo tiempo, seguro que esas mismas mujeres armarían una fiesta solo para celebrar su ruina.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda