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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 153

Cuando terminó de comer un bocadillo, levantó la vista y se encontró con los ojos de Jimena, cargados de celos.

Seguramente la actitud de Elías de hace un momento la había puesto celosa.

Esta mujer era demasiado codiciosa. Ya tenía a Rodrigo, pero no quería soltar a Elías.

Y Elías, por su parte, estaba perdidamente enamorado de ella.

Probablemente daría hasta la vida por ella.

Isabela se burló en su interior.

—Solo platicábamos de cosas sin importancia —dijo Isabela—. Mi esposo también vio a Melina aquí, así que lo sabe. Además, no haría nada en contra de los intereses de la familia Silva.

»Aunque Grupo Silva y Grupo Rivas son rivales acérrimos, lo son en los negocios. En lo personal, no hay ningún odio profundo. Saludarse y conversar un poco en público no afecta nada.

»Además, yo no participo en los negocios del Grupo Silva, ni sé nada al respecto. Melina no puede obtener ninguna información útil de mí, ¿de qué debería tener miedo?

—Las estuve observando un buen rato —dijo Jimena—. Llevan al menos media hora riendo y platicando. Definitivamente no es una charla casual.

»Isabela, tanto Carolina como Melina son verdaderas herederas de la alta sociedad. No son gente con la que una arrimada como tú pueda relacionarse. Te aconsejo que no intentes escalar tan alto.

Ninguna de las dos mujeres se juntaba con ella, y verlas platicar tan animadamente con Isabela la llenó de envidia.

No pudo evitar menospreciarla.

Isabela no era más que la hijastra que su suegra había traído consigo, ni siquiera era una verdadera Méndez. ¿Qué derecho tenía a codearse con la heredera de la familia Morales?

Y ni hablar de Melina.

Melina casi siempre iba sola a las fiestas, porque era muy selectiva con sus amistades. No se llevaba bien con muchas de las herederas de la ciudad.

Sin embargo, en términos de estatus y posición, ninguna podía compararse con ella.

—Isabela, no creas que por casarte con Elías ya estás en la cima. Primero asegúrate de mantener tu puesto de señora Silva y luego vienes a presumir.

Se inclinó hacia ella y susurró:

—Isabela, ¿me crees si te digo que con solo pedirle a Elías que se divorcie de ti, lo hará?

»Perderás todo lo que tienes ahora. Él puede dejarte sin nada y asegurarse de que no puedas sobrevivir en Nuevo Horizonte.

Isabela sonrió.

—Te creo. Creo que tienes ese poder y ese encanto. Entonces, ve ahora mismo y dile a Elías que se divorcie de mí. En cuanto me lo pida, aceptaré de inmediato. Te aseguro que no haré ningún drama.

Incluso si Elías no le pidiera el divorcio, en cuanto ella se estableciera por su cuenta, se lo pediría ella a él.

Ella no sería un peón de Elías para siempre, no se dejaría utilizar.

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