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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 152

Al ver que había una oportunidad, Isabela usó todas sus artimañas para persuadir a las dos jóvenes señoritas de unirse a su equipo.

Con la visión de alguien que en su vida pasada fue testigo del rápido desarrollo de la industria de las microseries, su explicación fue única y perspicaz.

Melina siempre había sido audaz y consideraba que Isabela tenía buen ojo para los negocios.

En cualquier industria, el momento más rentable es cuando está en pleno auge.

Hacer negocios es como apostar: si ganas, te llenas los bolsillos; si pierdes, no solo te quedas sin nada, sino que podrías terminar ahogado en deudas.

Melina estaba dispuesta a apostar.

Le dijo a Isabela:

—Cuando tengas tiempo, lleva el contrato de tu estudio a Brillo Eterno del Grupo Rivas y búscame. Firmamos, yo invierto. Pondré la misma cantidad que tú.

Al ver que Melina estaba dispuesta a invertir, Carolina también dijo:

—Isabela, yo también.

Isabela rio de alegría.

—Perfecto. Entonces, las cuatro tendremos el veinticinco por ciento cada una. Tengo otra socia, y cuando firmemos, la traeré para presentárselas.

»Es una escritora que ha tenido varios éxitos de ventas.

Las dos herederas aceptaron sin dudarlo.

Con un veinticinco por ciento cada una, si perdían, perdían juntas; si ganaban, ganaban juntas. Era justo.

Confiaban en la perspectiva única de Isabela sobre la industria.

Tras conseguir a dos socias de peso, Isabela levantó su copa.

—¡Vamos, brindemos por una feliz colaboración!

Las tres chocaron sus copas y bebieron su contenido de un solo trago.

—Isa, ¿de qué platican tan contentas?

Una voz melosa interrumpió la conversación. Jimena Castillo, sosteniendo un vaso de jugo, se paró frente a ellas con una sonrisa impecable en el rostro.

—¿Les molesta si me siento?

Todos se movían en el mismo círculo, ¿quién no conocía a quién?

Carolina conocía perfectamente los antecedentes de Jimena y qué clase de persona era.

Al igual que su hermano, pensaba que Elías debía de tener un tornillo suelto para estar tan obsesionado con Jimena.

—Isabela, también tengo que ir a buscar a mi mamá.

Carolina se levantó y le dijo a Jimena:

—Ustedes dos, platiquen a gusto.

Y también se fue.

Sin extraños presentes, la sonrisa amable que Jimena mantenía desapareció sin dejar rastro.

Se recostó en la silla, mirando de reojo a Isabela mientras llevaba el vaso a sus labios y bebía el jugo con elegancia.

—Isabela, qué bien te mueves. Tan rápido te hiciste amiga de la señorita Morales y la señorita Rivas. Lo de la señorita Morales, pase, ¿pero Melina? Es la heredera de la familia Rivas, y la familia Rivas y la familia Silva no se llevan bien.

»Tú ya eres la señora Silva, deberías estar del lado de la familia Silva. ¿Cómo puedes sentarte con Melina a beber y reír?

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