Amar a alguien sin ser correspondido es muy doloroso.
Isabela conocía bien ese sufrimiento. En su vida pasada, amó a Elías, pero él no la amaba a ella. Fue un amor no correspondido.
En esta nueva vida, se había prometido a sí misma superar sus sentimientos por Elías. Gracias a su distanciamiento deliberado, sentía que su amor por él se había atenuado un poco, pero aún no lo había olvidado por completo.
Verlo sufrir todavía le causaba una punzada de dolor en el corazón.
Amar a alguien es fácil, pero olvidar a la persona que amas es increíblemente difícil.
Aquellos que dicen haberlo superado sin esfuerzo no amaron de verdad. Un amor verdadero tarda años en olvidarse.
Como mínimo, un año o año y medio.
—Deja lo del set en manos de otra persona. Acompáñame a casa de tus padres. Jimena acaba de enterarse y el embarazo aún es muy reciente. Poca gente lo sabe. Rodrigo me lo dijo porque somos amigos de la infancia.
—Solo iremos un momento a llevarles algunos suplementos y ya.
Isabela quiso negarse, pero al ver lo mal que se sentía, suspiró para sus adentros y aceptó.
—Está bien. ¿Ya preparaste los suplementos?
—Ya están listos, en el carro.
—Dame diez minutos. Tengo que delegar mis tareas.
Elías asintió.
Isabela se dio la vuelta y se acercó a Mónica para decirle que había surgido un imprevisto y que tenía que irse. Le pidió que supervisara el rodaje.
Mónica no le preguntó qué había pasado, solo le dijo:
—Tranquila, yo me encargo de todo. Ve a resolver tus asuntos. Si necesitas mi ayuda, no dudes en decírmelo.
—Mónica, gracias por tu esfuerzo.
—No tienes por qué ser tan formal conmigo, también es mi trabajo.
Eran socias.
Después de dejar todo claro sobre la filmación, Isabela regresó con Elías.
—Vamos.
Elías se giró y caminó a su lado. Tras unos pasos, añadió:
—¿Crees que los miles de pesos que me das son la gran cosa? Si mi microserie tiene éxito cuando se estrene, ganaré muchísimo más que eso.
Elías la miró de reojo, con frialdad.
—He dicho que me acompañarás en mi viaje de negocios.
—Si me haces enojar, puedo hacer que tu serie fracase tan estrepitosamente que ni su madre la reconozca. ¡Haré que pierdas hasta la camisa!
Su amenaza enfureció tanto a Isabela que le dio una patada en la espinilla. Él no se lo esperaba y, sin ninguna defensa, recibió el golpe de lleno.
—¡Isabela, me pateaste!
Después de patearlo, Isabela se arrepintió un poco de su impulsividad. Estaba demasiado enojada.
Pero lo hecho, hecho estaba. No podía rajarse.
Se enderezó y, con toda la seguridad del mundo, replicó:
—¡Tú te lo buscaste por amenazarme!
Elías la miró con una expresión sombría, fulminándola con la mirada.

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