—Mamá, Elías y yo no tenemos prisa por tener hijos.
—Elías ya tiene treinta años y tú veinticinco —dijo la señora Méndez—. Si te embarazas este año, el bebé nacerá el próximo. Sería perfecto.
—Mamá, no te metas en el tema de los hijos. Eso será lo que Dios quiera. Que pase lo que tenga que pasar.
La señora Méndez pensó en que Jimena había tardado mucho en embarazarse después de casarse, y dijo:
—Está bien, son cosas de ustedes, arréglense como quieran. Solo lo mencioné porque tu cuñada está embarazada.
—Mamá, ahora que está embarazada, mantente alejada de ella.
La señora Méndez se sorprendió por un instante, luego le dio unas palmaditas en el dorso de la mano a su hija, como diciéndole en silencio que entendía.
***
Unos minutos después, Elías e Isabela ya estaban sentados a la mesa.
Rodrigo estaba muy contento. Abrió una botella de vino y les sirvió una copa a su padre y a Elías.
—No bebas tanto —le dijo Jimena en voz baja.
—Voy a ser papá, estoy feliz. Solo es una copa para celebrar.
Elías levantó su copa y brindó con Rodrigo, sonriendo.
—¡Rodrigo, felicidades!
—¡Gracias!
En ese momento, Rodrigo estaba genuinamente feliz. Iba a ser padre, y Elías todavía no.
Le había ganado a Elías otra vez.
Elías se bebió la copa de un trago y Rodrigo se la volvió a llenar.
Jimena les recordó amablemente:
—Rodrigo, Elías, coman algo. No beban tanto con el estómago vacío, se van a emborrachar.
Luego le dijo a Isabela:
—Isa, sírvele un poco de sopa a Elías para que coma algo antes de seguir bebiendo.
Isabela miró a Elías y le preguntó:
—¿Quieres sopa?
—No, gracias.
—Rodrigo, Elías tiene razón. Jimena está embarazada y las mujeres embarazadas se ponen sensibles. Deberías pasar más tiempo con ella.
—En esta casa no nos falta dinero para la leche en polvo. Aunque tuvieran diez hijos, podríamos mantenerlos. Por ahora, quédate con Jimena. En la empresa todavía estoy yo para hacerme cargo. No estoy tan viejo como para no poder trabajar.
Podría aguantar al menos otros diez años.
Esperaba aguantar hasta que su hijo menor creciera. El chico era inteligente y perspicaz; si lo educaba bien, no le pediría nada a Rodrigo, e incluso podría superarlo.
Lorenzo conocía perfectamente el calibre y las capacidades de Rodrigo.
Si no tuviera otra opción, se taparía la nariz y dejaría que Rodrigo lo heredara todo. Pero ahora que tenía una alternativa, debía considerarlo seriamente.
El Grupo Méndez fue fundado por su abuelo. Había pasado por su abuelo, su padre y ahora él; tres generaciones. No podía permitir que se arruinara en manos de Rodrigo.
Rodrigo sonrió.
—Entonces te haré caso, papá. De ahora en adelante, no tendré compromisos por la noche. Saldré del trabajo y vendré directo a casa para estar con Jimena.
Su padre no quería que volviera a mencionar la colaboración con el Grupo Silva. Ya no tenía caso.
Elías ya había firmado el contrato con Irene. Sus dos empresas habían llegado a un acuerdo para invertir y desarrollar juntas ese nuevo proyecto.
Rodrigo no volvió a hablar de trabajo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda