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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 245

—¿No puedes bajar a recibirme tú?

—¿Se te rompió una pierna? Si estás lisiado y no puedes caminar, entonces bajo por ti.

Elías colgó de inmediato.

—Qué pesado —murmuró Isabela para sí misma, volviendo a concentrarse en su guion.

No pasaron ni dos minutos cuando el señor Silva, con el ceño fruncido, tocó la puerta y entró.

Isabela levantó la vista y lo primero que vio fue el ramo de flores que traía en brazos.

Entonces lo entendió. Por eso Elías le había pedido que bajara a recibirlo. Le había comprado flores y quería presumir un poco, montar una escenita romántica.

—¿Qué vientos traen por aquí al presidente Silva?

Isabela se levantó y rodeó su escritorio para acercarse a él.

—¿No puedo venir?

—Las piernas son tuyas, puedes venir cuando quieras. Pero, ¿no estás ocupado? Dices que yo salgo temprano y regreso tarde, pero tú haces lo mismo.

Con toda naturalidad, le quitó el ramo de flores de los brazos. Después de examinarlo, le dijo:

—No tienes muy buen gusto. Este ramo no está tan bonito como el que te regalé la otra vez.

—El ramo que me regalaste la otra vez no lo acepté. Te lo llevaste a tu cuarto para admirarlo tú sola —le recordó Elías.

—Ese ramo era para ti. Lo aceptaras o no, era mi intención. Ya había gastado mi dinero, no iba a tirarlo. Lo puse en un jarrón en mi cuarto y se veía precioso.

Elías le entregó también las dos cajas de postres que había traído.

—Sé que te encantan los dulces. Me desvié a propósito al Gran Hotel de Nuevo Horizonte para traerte dos cajas.

Isabela tomó las cajas, se dio la vuelta y regresó a su escritorio. Dejó el ramo a un lado, se sentó y abrió una de las cajas. Justo cuando iba a empezar a comer, algo la detuvo.

Levantó la cabeza, lo miró fijamente y preguntó:

—Elías, que vengas de repente, me traigas flores y postres... Nadie da paso sin huarache. ¿Qué favor quieres que te haga?

Elías examinó la oficina y, sin pedir permiso, jaló una silla y se sentó frente a ella.

—Tu oficina es un poco pequeña. Ni siquiera tienes un sofá. Ya que abriste un estudio, mejor conviértelo en una empresa y renta un espacio más grande.

Capítulo 245 1

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