Cuando Nuria se enteró, se murió de la envidia y el coraje. Decía que a Lorenzo le sobraba el dinero, que como esposo le correspondía la mitad de la herencia de la finada, y sin embargo se la dio toda a Rodrigo.
—Era lo que le dejó su madre, ¿por qué no dárselo?
—El patrimonio de los Méndez, claro está, se dividirá en partes iguales entre los hermanos en el futuro. Despreocúpate, no voy a dejar desamparado a Iván. Dile que estudie mucho; en unos años, cuando sea más grande, que venga a la empresa en vacaciones para aprender. Yo mismo lo guiaré.
—Nuria, te seré sincero: tengo grandes esperanzas puestas en Iván. Espero que sea mejor que su hermano. Si demuestra ser lo suficientemente capaz, el Grupo Méndez será para él.
Lorenzo creía que su hijo mayor no podría llevar al Grupo Méndez muy lejos.
Si el plan A no funciona, solo queda apostar al plan B.
Cuando Rodrigo era niño, Lorenzo estaba demasiado ocupado con el trabajo y no tuvo tiempo para educarlo.
Sabía que Rodrigo era bueno en los estudios y llegó a pensar que era sobresaliente, pero cuando entró a la empresa, notó sus deficiencias: era demasiado celoso y tenía poca tolerancia.
Tenía astucia, eso sí; de lo contrario, el Grupo Méndez no habría podido mantener su colaboración con el Grupo Silva.
Todo gracias a que desde pequeño fomentó la amistad entre Rodrigo y el distinguido primogénito de la familia Silva.
Lo más importante era que Elías estaba enamorado en secreto de Jimena. Para que Jimena siguiera viviendo bien, Elías no dejaría caer al Grupo Méndez. Esa era la razón principal por la que la alianza continuaba.
Claro que la familia Méndez y la familia Silva también eran amigos de toda la vida.
—Ya que tienes tantas esperanzas en Iván, con más razón deberías divorciarte de esa mujer y casarte conmigo. Deja que Iván viva bajo el sol, para que nadie lo ataque después llamándolo bastardo.
Lorenzo guardó silencio.
—Si luego Rodrigo se mete con ustedes, sobre aviso no hay engaño, eh. Te lo advierto desde ahorita.
Lorenzo no es que no quisiera darle su lugar a Nuria; su corazón realmente se inclinaba hacia ellos. Iván era el hijo que era su orgullo.
Simplemente temía que su hijo mayor y su nuera les hicieran daño.
Si no se divorciaba, Rodrigo siempre estaría a la defensiva contra Vanessa, atacándola a ella. Vanessa servía de pararrayos para proteger a la mujer que él amaba y a su hijo.
—Tranquilo, no voy a llorar.
—Si no te divorcias, ahí sí lloro. Me siento súper ofendida. Mira cómo me trató Rodrigo hace rato; solo porque soy la amante, se siente con derecho a llamarme zorra cada dos palabras.
—Me junté contigo a los veintitantos, te di un hijo. Además, nos amamos de verdad. ¿Por qué soy una zorra? Estar juntos no fue cosa de uno solo; la culpa no es de uno solo.

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