Entrar Via

Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 382

Nuria salió del Grupo Méndez satisfecha tras obtener una respuesta casi afirmativa de Lorenzo.

En la planta baja, al salir del elevador, se encontró con Rodrigo, que estaba a punto de entrar.

Rodrigo probablemente venía de los talleres.

La sede del Grupo Méndez consistía en una torre de oficinas de dieciocho pisos al frente y varios talleres grandes en la parte trasera, los más importantes del grupo.

Los demás departamentos de producción estaban en otras filiales.

Rodrigo fulminó a Nuria con la mirada. Ella ignoró su hostilidad, salió del elevador y, al pasar junto a él, dijo de repente:

—Rodrigo, tu hermano tiene muchas ganas de convivir contigo.

Rodrigo respondió con frialdad:

—Mi madre solo tuvo un hijo. No tengo hermanos.

¡Ese bastardo de la calle soñando con ser su hermano! ¡Ni en sueños!

Nuria sintió una oleada de furia, pero no la mostró. Soltó una risita burlona, pasó rozando a Rodrigo, se acomodó el cabello con un gesto altivo y se marchó caminando con la cabeza en alto.

Rodrigo entró al elevador y aún podía escuchar el taconeo de sus zapatos contra el piso, *clac, clac*, resonando como bofetadas en su rostro.

Sacándolo de su burbuja de felicidad de hijo único y devolviéndolo a la realidad.

Ya no era hijo único. Desde hace diez años, cuando nació ese bastardo, había dejado de serlo.

Rodrigo rechinaba los dientes de odio.

De vuelta en su oficina, llamó a Jimena. Cuando su esposa contestó, le dijo:

—Jimena, ve a convencer a Vanessa de que vuelva otra vez. Al fin y al cabo, le dedicó veinte años a esta casa.

—No creo que no sienta nada por este hogar. ¿De verdad va a entregárselo todo a otra persona?

Al colgar, Rodrigo recordó la arrogancia de Nuria. Mientras más lo pensaba, más se enojaba, y terminó barriendo todo lo que había en su escritorio de un manotazo.

Isabela no dejó que la ruptura del matrimonio de su madre y su padrastro la afectara.

Pasó la tarde comprando muebles y equipos para sus dos tiendas. En un par de días, cuando terminaran la limpieza, enviaría todo.

Al atardecer, Isabela quiso invitar a cenar a su madre y a su amiga.

Pero Elías le dijo directamente a su suegra:

—Mamá, ya quedé con la abuela de llevar a Isa a cenar a la mansión de la familia Silva. Otro día las invitamos a usted y a la señorita Torres.

—O si prefieren, pueden ir ustedes dos a cenar al Gran Hotel de Nuevo Horizonte; solo dígale al gerente que lo ponga a mi cuenta.

El Grupo Silva tenía acciones en el Gran Hotel de Nuevo Horizonte.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda