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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 384

—En la noche de bodas, le confesó a Isa el verdadero propósito del matrimonio. Fue un fraude, pero se niega a divorciarse y usa el dinero para controlarla. Por eso Isa se esfuerza tanto en emprender, para librarse de su control económico.

—Isa está aprendiendo a dejar de amarlo, y ya casi lo ha logrado. Le ha pedido el divorcio varias veces, pero él no acepta. Incluso la amenazó diciendo que si volvía a mencionar el divorcio, las dejaría a usted y a ella en la calle.

—Usted sabe el poder que tiene la familia Silva en Nuevo Horizonte. Si Elías quisiera hacerlo, usted y Isa no podrían defenderse. Ay, nosotros los mortales, cuando queremos justicia frente a los poderosos, tenemos que pagar un precio muy alto.

—Veo que usted no sabe nada y sigue engañada por la fachada del buen yerno de Elías. No pude evitar decirle la verdad. ¡Compadézcase de Isa, ella es su verdadera hija!

Vanessa estaba tan impactada que no podía articular palabra.

Su rostro se fue poniendo pálido.

Ella tenía experiencia en la vida y algo de intuición. Al principio le pareció extraño que Elías cortejara a su hija de la nada y que incluso se peleara con los mayores de la familia Silva para casarse con ella.

Pero su hija había caído redondita. Isa conocía a Elías desde niña, hace veinte años; tal vez llevaba mucho tiempo enamorada de él en secreto.

Cuando Elías la cortejó con intensidad, su hija se rindió enseguida. No fue que no intentara advertirle, pero Isa no escuchaba.

Decía que era dueña de su matrimonio.

Las hijas crecen y se van.

Al final, aceptó con resignación que se casara con Elías.

Pero jamás imaginó que Elías usara a su hija de pretexto solo para poder entrar y salir de la casa de los Méndez y ver a Jimena.

Elías trataba muy bien a Jimena, con una devoción excesiva. Ella siempre pensó que era porque habían crecido juntos, como hermanos.

Resulta que era un amor no correspondido, pero profundo.

—Si Isa supiera que le conté esto, seguro me regañaría por metiche. Pero veo que usted está a punto de estorbarle poniéndose del lado de Elías, así que preferí hablar de más.

—Mañana, cuando Isa vuelva de la mansión Silva, le pediré perdón.

Había hablado sin el permiso de su amiga; le debía una disculpa.

Vanessa sentía que se le partía el alma.

Lloraba a mares.

Quería decir algo, pero las palabras no salían.

Mónica tomó la caja de pañuelos del auto, se la pasó a Vanessa y encendió el motor en silencio.

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