Durante todo el camino, Vanessa no paró de llorar.
Al llegar a la zona de restaurantes, Mónica buscó un lugar para estacionarse y, una vez detenida, miró a Vanessa y le dijo:
—Ya no llore, tenemos que confiar en que Isa podrá resolver sus asuntos con Elías.
—Lo que podamos hacer por ella, lo haremos; y si no podemos ayudar, al menos no seamos un estorbo.
—Sinceramente, espero que tanto usted como Isa puedan empezar de nuevo, sin tener que vivir de apariencias como esa gente rica.
Ella no quería caer en ese pozo de los millonarios.
Por muy bien que la tratara Adrián Delgado, ella no daba su brazo a torcer, no se atrevía a intentarlo.
Tenía miedo de acabar como su amiga: casarse es fácil, divorciarse está en chino.
La diferencia de realidades es abismal y ellas siempre llevaban las de perder.
A veces deseaba ser como las protagonistas de sus novelas, con una «varita mágica» o un respaldo poderoso, pero eso era ficción, drama barato para matar el tiempo.
En la realidad no hay magia, ni dimensiones de bolsillo, ni todos tienen padrinos poderosos.
Vanessa se secó las lágrimas una vez más, con la voz entrecortada:
—Fue mi culpa, fallé como madre, no le di a Isa el amor suficiente y por eso ni siquiera confía en mí.
—Yo pensaba que Isa me entendía, pero resulta que...
—Isa la quiere mucho, usted es su pariente más cercana en este mundo.
Vanessa se reprochó:
—Pero yo le fallé a Isa.
Con razón Isa cambió tanto desde que regresó a casa, se había estado guardando un agravio enorme.
—Vamos a ponerle competencia a Elías, que sufra un calvario para recuperarla, a ver si así aprende, después de cómo trató a Isa al principio.
En el fondo, Mónica no quería que Isabela se divorciara para luego volver con él. Hay muchos hombres buenos en el mundo; Isabela debería buscar a alguien que la ame de verdad, que la entienda y que sea de su mismo nivel.
O como decía Isabela: con dinero y tiempo libre, mejor sola y fabulosa, disfrutando la vida.
Al fin y al cabo, la gente cambia y nadie garantiza que un segundo esposo sea para siempre.
—Si Isa logra divorciarse, mejor que no mire atrás. Caballo que alcanza no gana carrera, y ser nuera de millonarios no es vida; Valeria no es una suegra fácil.
Vanessa dijo:
—Mónica, pierde cuidado. De ahora en adelante apoyaré a mi hija sin dudarlo, no volveré a ser una carga para ella.
Mónica se dio la vuelta para abrir la puerta y, mientras bajaba del coche, le dijo a Vanessa:
—Ande, vamos a entrar a comer algo rico. No hay penas que una buena comida no cure.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda