Quien entró fue Vanessa.
Seguida por Héctor.
—Mamá, tío.
Elías se levantó y los saludó.
Vanessa miró primero a su hija. Al ver que dormía, preguntó preocupada:
—¿Ya comió Isa? ¿Qué tal su apetito?
—Ya comió, tuvo buen apetito. Se acabó casi todo lo que le traje.
Elías acercó unas sillas para que su suegra y el tío se sentaran.
Vanessa suspiró aliviada. Se acercó, arropó suavemente a Isabela con la sábana delgada y le acarició la mejilla sin despertarla.
—Héctor, ya puedes irte. Yo me quedaré aquí cuidando a Isa.
Vanessa le pidió a su hermano que regresara.
Héctor Ortiz miró a su sobrina y dijo:
—Me iré en un rato, Isa todavía se ve un poco pálida.
Elías intervino:
—Está herida, es normal que se vea un poco mal. Cuando se recupere y salga del hospital, le daré algo para que se fortalezca.
Como si recordara algo, sacó su celular y llamó a Fernando. Cuando Fernando contestó, le ordenó:
—Fernando, prepara algunos suplementos y vitaminas para la señora Silva y tráelos mañana.
—Entendido.
Fernando no hizo preguntas; lo que el señor Silva ordenaba, él lo hacía.
Tras colgar, Elías le dijo a su suegra:
—Mamá, le pedí al mayordomo de la mansión Silva que traiga suplementos mañana. Cuando Isabela salga del hospital, me encargaré de que se recupere bien.
Vanessa solo asintió, sin decir nada.
Vanessa y Héctor se fueron alrededor de las diez de la noche, dejando a la joven pareja sola en la habitación.
También llegaron dos guardaespaldas a reportarse; Elías le había pedido a Fernando que los enviara. Con seguridad en la puerta, él podría dormir un poco más tranquilo.
Aunque no habían logrado secuestrarlo, el incidente lo había puesto en alerta y ya no se atrevía a ser tan confiado como antes.
Isabela dormía plácidamente. Elías le robó varios besos y ella no despertó.
El hospital estaba muy silencioso por la noche. A Elías le dio sueño y se recostó en la cama para acompañantes, de costado, mirando hacia Isabela. La observó un rato hasta que Morfeo se lo llevó.
En cuanto se durmió, empezó a soñar.
Fue un mal sueño. Soñó que tenía una experiencia extracorporal, volaba velozmente a través de un túnel. No sabía cuánto tiempo llevaba volando cuando, de repente, una fuerza de gravedad lo jaló y empezó a caer en picada.
—*Rin, rin, rin...*
Parecía que su celular estaba sonando.
Contestó la llamada y escuchó una voz desconocida preguntando:
—¿Es usted el señor Silva? Hablo de la comandancia de policía. Encontramos el cuerpo de una mujer en las afueras, se parece un poco a su esposa. ¿Podría venir a identificar el cuerpo para ver si se trata de ella?

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