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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 513

—Si necesito poner dinero, lo pongo; si hay ganancias, las cobro. Pero la verdad no he estado al pendiente, si mi hermano no me dice, ni me entero.

Mónica rió: —Nosotras también nos acabamos de enterar. Estoy en el hospital acompañando a Isabela y no tenía mucha cabeza para checar los resultados. Les dije que si había buenas noticias nos etiquetaran en el grupo.

—Si la noticia llegó hasta el señor Rivas, entonces la serie es un éxito de verdad.

Melina preguntó con preocupación: —¿Isabela está mejor hoy? Pasaré a verla en la tarde cuando salga del trabajo; durante el día estuve muy ocupada y no tuve tiempo. Pensé que estaría descansando y no quería molestarla, por eso te llamé a ti.

No esperaba que Mónica estuviera haciéndole compañía en el hospital.

—Hoy está mucho mejor, ya puede bajarse de la cama y caminar. Tú estás ocupada, ven cuando tengas un hueco, ella sabe que ustedes se preocupan.

Melina dijo: —Somos amigas. Si una amiga está hospitalizada, por más ocupada que esté, tengo que ir a visitarla. No pidan comida para la noche, ahorita llamo a mi mayordomo para que el chef prepare algo rico para Isabela y se los mande al hospital.

—Melina, no te molestes, el tío de Isabela va a traer la cena.

—Dile a Isabela que le diga a su tío que no traiga cena hoy. Su mamá también está ahí, ¿verdad? Le diré al mayordomo que mande comida para tres.

Mónica le pasó el celular a su amiga, contándole lo que Melina había dicho sobre enviarles la cena, para que Isabela hablara con ella.

Isabela había escuchado la conversación. Tomó el teléfono y le dijo a Melina: —Melina, entonces no nos haremos del rogar. Hace mucho escuché que los chefs de la familia Rivas son contratados a precio de oro y que cocinan delicioso.

—Esta noche nos vamos a dar un banquete, pero si nos viciamos con esa comida, te va a salir caro porque vas a tener que invitarnos seguido.

Melina rió: —Trato hecho. Lo que me temo es que no quieran venir. Cuando acepten ir a cenar a mi casa, le avisaré a todos mis hermanos para que regresen y cenen con nosotras.

—Yo soy muy piki para comer, de niña no me gustaba nada, y como les daba pena que no comiera mucho, todos aprendieron a cocinar para hacerme platillos y engordarme. Gracias a que tengo fuerza de voluntad, no me convirtieron en una cerdita.

—Ahora esas habilidades se han vuelto una ventaja para conseguir esposa. Hombres que saben cocinar, saben ganar dinero y además son guapos... creo que llevan las de ganar.

Isabela: —...Melina, de repente siento que me duelen las heridas otra vez. Voy a colgar para acostarme un rato.

—Está bien, descansa mucho. Ya hablaremos cuando estés fresca como una lechuga.

Melina sabía perfectamente que Isabela estaba evadiendo el tema.

Como Isabela aún no estaba divorciada, por el momento no podía promocionar a sus hermanos con tanta insistencia.

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