Isabela soltó una risa fría. Quería decirle que en su vida pasada se ganó demasiados enemigos por su culpa, y por culpa de Jimena.
Él siempre prefería a Jimena. Ella sentía celos, no lo aceptaba, y por eso hacía berrinche tras berrinche, ganándose el odio de más y más gente.
Pero las palabras se le atoraron en la garganta. Isabela decidió callar.
¿De qué servía decir eso ahora?
Aunque lo dijera, él no le creería.
En ambas vidas, él siempre estuvo del lado de Jimena.
Por suerte, en esta vida decidió no pelear, no discutir y no armar escándalos. Solo tenía que aguantar hasta el divorcio para renacer de verdad.
Ahora su miniserie web era un éxito total. Las ganancias por ser un producto viral serían enormes.
Podría invertir en los proyectos de Melina y Carolina. Incluso separada de él, sin el título de «Señora de Silva», podría vivir muy bien y ser económicamente independiente.
Ya no tenía caso hablar tanto con él.
—Si vuelvo a soñar esta noche, no me despiertes. Déjame seguir soñando. Seguro logro ver quién es el autor intelectual de todo esto.
Isabela asintió:
— Va. No te voy a despertar.
Sabiendo que él podía soñar con cosas de la vida pasada, Isabela, por supuesto, no pensaba interrumpirlo.
Después de morir, su alma vagó brevemente antes de renacer, así que ella no sabía qué pasó después de su muerte.
Pero Elías siguió vivo en esa línea temporal. Él seguramente sabría el desenlace y quién fue el responsable de su muerte.
Si fue Jimena... la duda era si él habría elegido hacerle justicia a su esposa muerta o encubrir a su amor platónico.
Isabela calculó que, dada su obsesión con Jimena, había un noventa por ciento de probabilidad de que hubiera decidido encubrirla.
—Carolina y Melina te traen comida, te tratan demasiado bien de la nada... seguro tienen dobles intenciones —soltó Elías de repente.
Isabela frunció el ceño y lo miró fijamente:


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda