—Rodrigo, no tienes por qué ponerte nervioso. Poco a poco estoy dejando atrás lo que sentía por Jimena. Quiero recuperar a Isabela; cuando ella se puso firme con el divorcio, sentí un dolor real en el pecho. Renuncié a Jimena, no quiero renunciar a Isabela también. Rodrigo, ¿entiendes? Supongo que no. Lo que digo suena confuso, y mi mente es un caos ahora mismo. Rodrigo, de verdad no puedo meterme en los asuntos de tu casa, mejor llámale al señor Méndez. Voy a colgar.
Elías colgó, dejando a Rodrigo totalmente desconcertado. Se divorciaban, pero Elías decía que la iba a reconquistar. ¿De verdad se había enamorado de ella? Cuando procesó lo que acababa de escuchar, Rodrigo no pudo evitar soltar una maldición:
—¡Qué carajos es esto! Resulta que Isabela le ganó la partida a Jimena.
De pronto entendió por qué Jimena se la pasaba atacando a Isabela y, de paso, trataba mal a la madrastra. El sexto sentido de las mujeres es tremendo. Jimena seguro notó que Elías empezaba a sentir algo por su esposa. Elías era de los que, cuando amaba, lo daba todo y perdonaba cualquier defecto; pero cuando no amaba, era frío como el hielo. Si lo ofendías, no te daba ni una oportunidad.
Los tres crecieron juntos; Jimena conocía a Elías como la palma de su mano y estaba acostumbrada a que sus dos "caballeros" giraran a su alrededor. Al ver que Elías le tomaba cariño a Isabela, Jimena la convirtió en su enemiga mortal. Pero Isabela se había vuelto más lista después de la boda, ya no era tan fácil de manipular, y todas las trampas que le pusieron fracasaron.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda