Lorenzo conocía bien las mañas de su nuera. En una pelea a gritos, Jimena perdía contra Nuria, pero en cuanto a jugar sucio y conspirar, Jimena era mucho más peligrosa.
Nuria torció la boca. —Está bien, me voy a cuidar a Iván. Prometo no venir a molestarla por un tiempo, es solo que me cae mal. Lorenzo, cuando nos casemos, ¿por qué no dividimos los bienes y que ellos se vayan a vivir aparte? La distancia ayuda a la convivencia.
Jimena, que acababa de bajar, se quedó helada al escuchar eso. Apretó el barandal de la escalera con fuerza. Ni siquiera se había casado y ya estaba instigando al suegro para que los corriera. Lorenzo ya estaba del lado de esa mujer; si dividían la herencia y se iban de la casa, perderían la oportunidad de estar cerca de él y adularlo todos los días. Lorenzo y Rodrigo se distanciarían cada vez más y el patrimonio de los Méndez caería poco a poco en manos de la intrusa.
Jimena quería todo para ella y Rodrigo. Antes de saber de la aventura de su suegro, Rodrigo era el único heredero y todo el mundo asumía que el imperio Méndez sería para él. Ahora había aparecido un hijo bastardo que no solo quería su parte, sino que venía con una madre ambiciosa que lo quería todo. Jimena ya consideraba la fortuna de los Méndez como propia y no pensaba dejar que Nuria y su hijo se la robaran.
Jimena dio media vuelta y regresó a su habitación sin hacer ruido. Llamó a Rodrigo.
Rodrigo contestó ansioso: —Jimena, ¿estás bien? Me peleé con mi papá, supongo que ya regresó a la casa. Te marqué varias veces y no contestabas.
Jimena pensó un momento y dijo: —Rodrigo, antes de que regreses, manda a alguien a investigar el pasado de esa vieja. Ve si tiene alguna hermana o pariente que podamos usar. Si a ella le gusta ser la amante, pues vamos a ponerle una amante a tu papá. Que sea alguna hermana suya o su mejor amiga. Vamos a darle una cucharada de su propia medicina.
Para Jimena, si su suegro había sido infiel una vez, lo sería mil veces. Solo necesitaban una mujer que le gustara para que se olvidara de la actual.
Rodrigo soltó una carcajada: —Jimena, esa idea es brillante. Mañana mismo pongo a alguien a investigar. Y si no tiene a nadie, buscaré a una mujer joven, guapa y con un cuerpazo para metérsela por los ojos a mi papá.

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