—Elías, ya te dije que son flores que encargó Caro. Me pidió que se las trajera a Isabela, no las compré yo.
Álvaro explicó de nuevo con paciencia.
—Pasaba por aquí y aproveché para hacerle el favor a Caro.
Elías no le creyó ni una palabra.
Sonrió con frialdad:
—Pasabas por aquí y justo llegaste cuando salíamos. Qué casualidad tan oportuna. Te gusta Isabela, quieres con ella. Álvaro, te lo advierto, Isabela es mi esposa y lo será toda la vida.
Isabela no pudo evitar recordarle:
—Elías, ya ingresamos la solicitud de divorcio. ¡De ahora en adelante, no vuelvas a decir que soy tu esposa!
—Isabela, no te dejes engañar. Aunque Carolina supiera que nos divorciamos hoy, no calcularía la hora tan exacta. Si quería mandarte flores, ¿por qué no las trajo ella misma?
—¿Ella no tiene tiempo y Álvaro sí? Álvaro es la persona más ocupada del Grupo Morales, ¿qué tanto hace Carolina?
—Él solo usa el nombre de Carolina para acercarse a ti y cortejarte.
—Aún no tenemos el acta de divorcio, sigues siendo mi esposa. Si retiro la solicitud, seguirás siéndolo toda la vida.
El rostro de Isabela se oscureció y dijo fríamente:
—Elías, si te atreves a retirar la solicitud, ¡jamás te lo perdonaré! ¡ Te voy a odiar por el resto de mi vida!
—Te llenas la boca diciendo que te equivocaste. ¿Sabes cuál fue tu mayor error?
—¡Fue el engaño! Casarte conmigo. Si de verdad supieras que te equivocaste, ¡hace mucho debiste divorciarte de mí!
A Elías se le bajaron los humos al instante.
—Isabela, yo... yo solo... ¡es que tengo celos!
Elías admitió sus celos: —Estoy celoso. No soporto ver a Álvaro dándote flores, por eso dije esas cosas. Yo... de verdad sé que me equivoqué y cumpliré lo que te prometí.
Aunque quisiera entrar ahora mismo a retirar la solicitud, no se atrevía.
Ya no tenía credibilidad ante Isabela; si se echaba para atrás otra vez, ella lo odiaría a muerte.
Sí, su mayor error fue el engaño al casarse con ella.
Era solo que, al ver a su amigo dándole flores, sintió su orgullo herido y no pudo soportarlo; por eso reaccionó tan violentamente.
Isabela sabía que no se atrevería a responder.
Le dijo a Álvaro:
—Señor Morales, agradézcale el ramo a Caro de mi parte. En la noche las invitaré a cenar y a tomar una copa.
Álvaro respondió: —No hay de qué. Tú y Caro son amigas, ella solo quiere lo mejor para ti.
—Lo sé, la gente que me rodea quiere que esté bien.
—Señor Morales, ¿está ocupado ahora?
Álvaro miró a Elías de reojo y respondió: —Estoy libre, ¿necesitas ayuda en algo?
—¿Podrías llevarme a mi tienda?
La inauguración de su nueva tienda sería en unos días.

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