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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 593

—Solo empeoraría las cosas. Si quieres disculparte por Elías, cuando se me curen las heridas invítame a comer, tómalo como una disculpa en su nombre.

Elías estalló: —Álvaro, no te pases de listo. ¿Quieres comer? Yo te invito. Yo pago tu comida todos los días, con tal de que no molestes

—Amor, yo le pegué, yo me disculpo. Me disculparé, le enviaré un regalo costoso a su casa esta noche para pedirle perdón. Si quiere que le inviten a comer, yo lo invito, ¡yo pago!

La astucia de Álvaro salió a relucir, aprovechando la oportunidad para que Isabela saliera con él.

Elías maldijo a Álvaro mil veces en su mente.

—Discúlpate ahora mismo con el señor Morales.

Elías, muerto de miedo de que Isabela aceptara salir a comer con Álvaro, se apresuró a pedirle perdón.

Álvaro, al ver a Elías en ese estado, le pareció un poco gracioso y a la vez pensó que se lo merecía.

Hasta que estaba a punto de perderla, se arrepentía y quería luchar.

—Si tú me invitas a comer, no me atrevería a ir. Capaz le pones algo a la comida para que me dé diarrea por tres días.

Elías puso cara de pocos amigos.

Álvaro lo estaba pisoteando frente a Isabela.

—Isabela, no es nada grave, solo unos golpes en la cara. Me pondré hielo en casa. Me voy primero, dile a Caro por mí.

Álvaro no quiso echarle más leña al fuego y optó por irse.

Elías lo acompañó a la puerta. Allí, donde Isabela no podía verlos, volvió a empotrar a Álvaro contra la pared y le advirtió en voz baja: —¡Álvaro, no la voy a dejar ir! ¡Isabela es mi mujer y lo será toda la vida!

Isabela seguía sentada en el sofá, enviando mensajes con su celular, probablemente a Carolina.

Elías no fue directo hacia ella; primero le sirvió un vaso de agua y se lo puso enfrente. Luego se sentó frente a ella, ya sin rastro de su habitual arrogancia, y dijo con tono de disculpa: —Isabela, perdón. Fui impulsivo.

—En un par de días iré formalmente a disculparme con Álvaro.

Isabela terminó de mensajear a Carolina, levantó la vista y lo miró fijamente. —Te lo dije, entre el señor Morales y yo no hay nada. No tienes por qué agarrarla contra él, siguen siendo amigos.

—Las pocas veces que lo he visto ha sido porque acompaña a Caro. Fuera de eso, no tenemos contacto.

—Tu locura debe tener un límite.

Hizo una pausa y añadió con sarcasmo: —Llegamos a este punto por tu culpa. ¿Para qué haces estos dramas? ¿Para quién actúas? Si vas a actuar, ten medida, no arrastres a los demás a tu locura.

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