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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 652

—Álvaro, Isabela todavía es mi esposa, espero que te mantengas alejado de ella.

Álvaro respondió:

—No me acerqué a ella a propósito, de verdad fue casualidad. Al final de cuentas, todos vivimos en la misma zona residencial.

—¿Acaso no le echaste el ojo a Isabela desde hace tiempo? Por eso, donde sea que yo compre una casa, tú compras una en el mismo sector. ¿Lo haces para estar cerca y aprovechar la oportunidad, no?

Elías se había dado cuenta tarde de que, donde él compraba una propiedad, Álvaro también compraba cerca. Siempre estaba a poca distancia de su casa.

—Elías, me estás calumniando. Compro casas cerca de ti porque sigo tus inversiones. Las propiedades que compras tienen buena plusvalía; no solo yo compro donde tú compras, Adrián también lo hace.

—Cuando empecé a comprar casas siguiendo tus pasos, ni siquiera conocía a Isabela. Solo sabía que era la hija que trajo la señora Méndez, no una hija de sangre de la familia Méndez.

—Fue hasta que empezaste a cortejar a Isabela que la conocí en persona —admitió Álvaro. Reconocía que le gustaba Isabela, pero no era cierto que la tuviera en la mira desde el principio.

Fue después de verla muchas veces y familiarizarse con ella que empezó a gustarle poco a poco. Ni él mismo sabía cuándo había empezado a sentir algo por ella.

Adrián siempre le recordaba que no se acercara demasiado a Isabela, que se vería mal, ya que, después de todo, Isabela era la esposa de Elías, al menos de nombre.

Después de tantas advertencias de Adrián, comenzó a analizar su propia actitud hacia Isabela y se dio cuenta de que le gustaba.

Elías dijo con arrepentimiento:

—Dicho así, fui yo quien los presentó.

—Si hubiera sabido que me ibas a pelear a mi mujer, jamás habría dejado que la vieras.

Elías, con el rostro ensombrecido, respondió:

—Isabela solo será feliz si está casada conmigo. Estoy cambiando. Si ella me da otra oportunidad y se casa conmigo de nuevo, la trataré bien. Seremos felices toda la vida, envejeceremos juntos y formaremos una gran familia.

—No la voy a soltar. Cuando Rodrigo se le declaró a Jimena, yo renuncié a mi oportunidad y perdí a Jimena. Ahora con Isabela, no voy a cometer el mismo error.

—Álvaro, ¿crees que eres mejor que yo? ¿Tus padres aceptarían a Isabela? Al menos mis padres ya la aceptan, ya no se meterán en mis asuntos con ella.

Incluso su madre ahora deseaba que él pasara el resto de su vida con Isabela.

Su madre decía que, aunque Isabela no tenía el linaje de Jimena, su calidad humana era mucho mejor que la de ella.

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