—Elías, es obvio que sigues enojado conmigo y no me quieres perdonar.
Dijo Jimena con voz dolida.
—Jimena, ya te dije que no tengo ánimos. Vete, por favor.
Elías estaba controlando su temperamento a duras penas.
Estaba fastidiado a más no poder.
Y Jimena seguía con el tema de si la perdonaba o no.
¿Qué diferencia hacía si la perdonaba? El resultado ya estaba ahí. Ella no había recibido un castigo grave porque él, pensando en su hermana y en los años de amistad con Jimena, había intervenido.
No había dejado que Isabela fuera hasta las últimas consecuencias, decepcionándola una vez más.
¿No era suficiente lo que había hecho por Jimena?
Ahora que estaba de mal humor, ¿no podía ella tener un poco de sentido común y dejar de fastidiar?
Jimena notó que la paciencia de Elías se había agotado, así que dijo:
—Está bien, Elías, me voy. No estés tan triste, y si te sientes muy mal, dile a Rodrigo que te acompañe a echar unos tragos.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda