pensó Jimena, nadie sospecharía de ella.
Después de colgar, borró el registro de la llamada inmediatamente y guardó el celular en su bolso. El elevador llegó a la planta baja y ella salió como si nada.
Jimena arrancó su coche y se fue de Grupo Silva.
Se dirigió a Grupo Méndez.
Ambas empresas estaban cerca, a unos diez minutos en coche.
Como Elías rechazó los regalos, decidió dárselos a Rodrigo. Al fin y al cabo, cuando los compró, Rodrigo no sabía para quién eran.
Rodrigo usaba la misma marca de relojes que Elías.
Mientras ella no dijera nada, Rodrigo no sabría que esos regalos eran originalmente para Elías.
Diez minutos después, el auto de Jimena entró a Grupo Méndez.
Estacionó directamente frente al edificio corporativo. Los empleados reconocían su matrícula y nadie le dijo nada.
Jimena bajó con su bolso y los regalos.
—Buenas tardes, señora Jimena.
—Señora Jimena.
Al entrar al edificio, todos la saludaban con respeto.
Jimena sonreía y asentía; si se topaba con algún directivo, se detenía a charlar un poco.
Así, tardó unos quince minutos en subir.
Al salir del elevador, la guapa secretaria de Rodrigo la vio y pareció ponerse nerviosa. Se acercó rápidamente con una sonrisa forzada.
—Señora Jimena, ¿qué hace por aquí?
—Es la empresa de mi familia, vengo cuando quiero. ¿Necesito reportarme contigo?
A Jimena no le caía bien esa secretaria. La anterior era una señora casada y le daba más confianza.
Cuando esa renunció, la cambiaron por esta: joven, bonita y con buen cuerpo.
Recordando que su suegro le había sido infiel a su suegra con Nuria, que era su secretaria, Jimena desconfiaba de esta chica, temiendo que siguiera los pasos de Nuria y se metiera en la cama de Rodrigo.
—Como la señora Jimena casi no viene, por eso pregunté al verla hoy. Fue un error mío, usted es una persona razonable, no me lo tome a mal.
La secretaria seguía sonriendo aduladora.
—¿Viene a buscar al señor Rodrigo? Es que tiene una visita en su oficina y tal vez no sea conveniente. ¿Gusta esperar en la sala VIP?
Jimena se detuvo en seco.
—¿Rodrigo está con un cliente?
—No es un cliente.
—¿Entonces está en junta con los directivos?
—Tampoco.
—Pues qué visita tan importante tiene para que yo tenga que esperar en la sala VIP.
En realidad, Rodrigo no había prohibido la entrada a nadie.
Y Olivia acababa de llegar.
Le dijo eso a Jimena para que, al entrar y ver a Olivia ahí, malinterpretara la situación y la corriera.
La secretaria llevaba tiempo coqueteando con Rodrigo y sentía que estaba a punto de lograrlo, cuando apareció Olivia de la nada. Olivia era una descarada y no ocultaba sus intenciones.
Olivia quería acostarse con Rodrigo.
La secretaria tenía que ser discreta porque sabía que con Jimena no se jugaba.
Pero eso no le impedía usar la mano de Jimena para deshacerse de Olivia.
Rodrigo ni siquiera tuvo tiempo de hablar cuando vio a alguien entrar como bólido, seguido por el sonido seco de una cachetada.
Se escuchó el grito de Olivia.
La misma mano que golpeó también manoteó el termo. El recipiente cayó al suelo, salpicando el caldo por todos lados y manchando un poco la ropa de Rodrigo.
—¿Quién te crees que eres? ¡¿Por qué me pegas?!
Olivia se cubrió la mejilla golpeada, y al ver a Jimena, preguntó furiosa, volteando luego hacia Rodrigo:
— Rigo, ¿quién es esta loca? Entra y me pega, defiéndeme, por favor.
—Me dolió muchísimo.
Jimena estaba tan furiosa que, sin pensarlo dos veces, le soltó otra cachetada.

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