Isabela no se detuvo a pensar en cómo reaccionaría la señora Guzmán; solo tenía que esperar.
Al igual que ella, la señora Guzmán sabía que lo de anoche terminaría sabiéndose. El chisme correría solo, sin que ella tuviera que abrir la boca, así que Jimena no tendría ni la más mínima oportunidad de acusarla de nada.
De muy buen humor, Isabela se fue a trabajar.
Hoy tenía cita con un cliente para hablar de negocios. Su estudio se había transformado en una empresa de medios y cultura que ya había cosechado varios éxitos, por lo que mucha gente quería trabajar con ella.
Además, estaba buscando alianzas con empresas más grandes para promover las microseries de su compañía.
Mientras tanto, en la residencia de los Méndez, Rodrigo despertó por la mañana. Al ver a su esposa dormida a su lado en una posición incómoda, se dio cuenta de que lo había cuidado toda la noche y se sintió culpable.
Acarició a Jimena y ella despertó de inmediato.
—Rodrigo, despertaste.
Jimena levantó la vista y, al ver que su marido ya se había incorporado en el sofá, se apresuró a sentarse junto a él. Lo abrazó con ambas manos y le dijo con voz dulce: —Perdóname, Rodrigo. Anoche de verdad no tuve fuerzas para ayudarte a subir a descansar.
—Tuve que dejarte dormir aquí. Me daba miedo que te fueras a caer, así que me quedé cuidándote, pero no sé en qué momento me venció el sueño.
Al escucharla, Rodrigo se sintió aún peor. Le devolvió el abrazo y dijo: —Jimena, perdóname tú a mí por darte tanta lata. Se me pasaron las copas y ni siquiera recuerdo cómo llegué a casa.
—Al rato habla con la encargada para que se quede a dormir aquí. Así, aunque los demás terminen su turno, no te quedarás sola en la casa.
Jimena asintió.
En realidad, los Méndez tenían empleados de planta, pero como era muy tarde, Jimena no quiso despertarlos.
O mejor dicho, no quiso hacerlo.
Quería tener un momento de pasión con su esposo, pero él se quedó dormido. Frustrada y necesitada, corrió a buscar a Elías, pero él la rechazó.
Al recordar lo de anoche, Jimena sintió que se iba a volver loca.
Ya en casa, más tranquila, no podía creer que se hubiera atrevido a hacer algo así.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda