Su hija estaba acostumbrada a ser la consentida de sus dos amigos de la infancia y esperaba que ambos la amaran para siempre.
La señora Castillo lo sabía bien.
No era que no hubiera aconsejado a su hija, sino que esos dos hombres estaban dispuestos a mimar a Jimena, por lo que sus consejos caían en saco roto.
—Mamá, ¿por qué siempre defiendes a esa maldita? ¡Yo soy tu hija biológica!
Jimena se quejaba de su madre con insatisfacción.
Sentía que su madre siempre se ponía del lado de Isabela.
La señora Castillo respondió con impaciencia:
—No estoy defendiendo a Isabela, estoy tratando de que entres en razón. Elías es el tipo de persona que nadie puede controlar a menos que él mismo lo permita.
—Ya estás casada, la familia Méndez no está nada mal, tienen un patrimonio de miles de millones. Rodrigo te ama y te trata muy bien. Vive tu vida tranquila con Rodrigo y deja de pensar en cómo atacar a Isabela.
—¡No! ¡No dejaré que Isabela tenga una buena vida! ¡Quiero que sufra un infierno!
—Mamá, yo también voy a fundar una compañía de medios y entretenimiento. Voy a producir miniseries. Cualquier serie que la empresa de Isabela lance y se vuelva un éxito, yo haré una copia parecida solo para hacerla rabiar.
Defender los derechos de propiedad intelectual es muy difícil. Muchos autores sufren plagio y el resultado final de la defensa suele ser solo que la otra parte retire o modifique el texto. A menudo se encuentran con sinvergüenzas que tienen la cara más dura que el concreto.
Incluso si se dictamina el plagio, no lo admiten e instigan a sus lectores a causar problemas en las redes del autor original. Muchos lectores dicen: «No me importa si es plagio o no, solo me importa que esté buena la historia».
Eso es porque el cuchillo no los cortó a ellos, así que no saben lo que duele.
Si algún día pasaran de lectores a autores y sufrieran un plagio, entenderían la furia de ser robado y lo difícil que es defender sus derechos.
La señora Castillo se quedó sin palabras.
Si preguntaran quién se había divorciado más veces en todo Nuevo Horizonte, sin duda sería Camilo Cisneros, el sobrino de la señora Castillo.
—No estarás pensando en pedirle a tu primo que corteje a Isabela, ¿verdad?
Nadie conoce a una hija como su madre. En cuanto Jimena preguntó por Camilo, la señora Castillo supo lo que tramaba.
—Isabela es divorciada y mi primo también. Son tal para cual. Recuerda que mi primo se le caía la baba por Isabela desde hace mucho y hasta la acosaba. Solo dejó de molestarla cuando Elías empezó a pretenderla.
—Ahora que Elías e Isabela están divorciados y ella está soltera, es la oportunidad perfecta para mi primo.
Jimena dejó los cubiertos, tomó su celular de la mesa y le envió un mensaje a Camilo, diciéndole que Isabela estaba soltera.
Camilo respondió rápidamente con un mensaje de voz. Jimena lo reprodujo y la señora Castillo pudo escuchar lo que decía su sobrino.
—Ya sabía que Isabela se divorció. Por eso yo también me divorcié y volví a la soltería, me estoy preparando para lanzarme a conquistarla con todo. En su momento me tenía loco, ni dormir podía. Si Elías no se hubiera entrometido, tal vez ella ya sería tu prima política.

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