Por eso, la cooperación entre el Grupo Silva y el Grupo Morales se fue cancelando poco a poco.
Los herederos de los dos grandes consorcios se declararon la guerra.
Todo por una mujer.
Elías no se arrepentía, y Álvaro tampoco.
—Quién sabe hasta cuándo va a seguir lloviendo.
Álvaro miró hacia afuera; el aguacero continuaba, aunque el viento había disminuido un poco.
De vez en cuando se veían relámpagos y se escuchaban truenos.
Isabela sacó su celular, checó el clima y dijo:
—Va a seguir así una hora más.
—No traes paraguas, ¿verdad? Voy a traerte uno. No vives lejos, así que, por más que llueva, no tendrás problemas para llegar a casa.
Dicho esto, Isabela se levantó para ir por el paraguas.
Álvaro también se levantó y la siguió, diciendo:
—Quería quedarme un rato más contigo, esperar a que bajara la lluvia para irme.
—Pero no te sientes bien, así que mejor no te molesto más, para que puedas descansar temprano.
Isabela también necesitaba desmaquillarse, quitarse el vestido de noche y darse un baño caliente para sentirse mejor.
—Platicamos otro día con más tiempo. Por cierto, ya escogimos una buena fecha para iniciar el rodaje de las dos microseries que estamos haciendo en colaboración.
—Al rato te la mando.
Álvaro sonrió:
—Qué rapidez.
—Ya se corrigieron las partes del guion que no estaban bien y el elenco está confirmado, solo faltaba elegir un buen día para el claquetazo inicial.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda