La señora Fátima asintió.
—Tu suegra ya debe estar por regresar de su viaje para despejar la mente. Cuando vuelva, ¿ya sabes qué hacer?
Elías asintió repetidamente.
—Al principio, mi suegra estaba muy contenta conmigo y me trataba muy bien; de verdad me trataba como a un hijo.
Cuando Isabela pidió el divorcio, la actitud de su suegra no cambió de inmediato. Fue hasta que Isabela insistió en separarse y se supo la verdadera razón por la que él se había casado con ella, que la señora empezó a tratarlo con frialdad.
La señora Fátima aconsejó:
—Cuando regrese, gánate a tu suegra y también a la familia de Isa. Son los suyos, y su aprobación te va a ayudar muchísimo.
—Y el punto más importante es que debes lograr que tus padres acepten a Isa de corazón. No puede ser como en el primer matrimonio, donde tú impusiste tu voluntad y obligaste a tus padres a aceptar la boda.
—Después de casados, ellos se rebelaron a su manera, haciéndole mala cara a Isa, nunca la aceptaron realmente e incluso le prohibieron poner un pie en la residencia Silva.
—También está Sofía. Es verdad que a Sofía la hemos malcriado entre todos. Yo solo tengo dos nietas y las cuido como a las niñas de mis ojos, pero con Sofía se nos pasó la mano; no sabe medir las consecuencias ni distinguir el bien del mal.
—Así que también tienes que lograr que Sofía reconozca a Isa. Solo así, si llegan a volver, podrán tener una vida tranquila y feliz. De lo contrario, si tus padres y tu hermana se la pasan molestando a Isa, tú quedarás atrapado en medio, en una posición imposible.
—Isa se echará para atrás. Si la familia Morales la acepta pero la tuya no, hasta un tonto sabría a quién elegir. Habiéndose divorciado una vez, Isa será extremadamente cautelosa al considerar el matrimonio de nuevo. No se dejará llevar por el impulso; será mucho más racional y considerará muchos factores.

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