—Isabela.
Valentina tenía los ojos rojos y las lágrimas a punto de brotar.
—De verdad me gusta mucho Álvaro. Te lo suplico, déjamelo. No vuelvas a verlo, recházalo, por favor... No puedo vivir sin él.
»Si tú lo rechazas definitivamente y te alejas de él, si no lo ves más, seguro se dará cuenta de lo buena que soy y se enamorará de mí.
Isabela respondió:
—Señorita Valentina, no conociste a Álvaro ayer. Lo conocías y te gustaba desde antes que yo apareciera. ¿Acaso se enamoró de ti en ese entonces?
»Los sentimientos no se pueden forzar. Si Álvaro no te ama, no te ama, y eso no tiene nada que ver conmigo. De nada sirve que me ruegues, no soy yo quien lo tiene amarrado.
»Si tanto te gusta Álvaro, pues lánzate a conquistarlo. Si lo consigues, bien por ti; si no, es que no estaban destinados a estar juntos.
»Lo que pase entre tú y Álvaro no está en mis manos. Yo soy ajena a eso.
Ella ya había rechazado a Álvaro, pero él no quería rendirse y decía que estaba dispuesto a esperarla el tiempo que fuera necesario.
Sin embargo, Isabela siempre tuvo una buena impresión de él. Quizá cuando tenga paz mental y su negocio esté estable, podría considerarlo.
—¡Vete de Nuevo Horizonte! Si te vas y no regresas nunca, Álvaro te olvidará —soltó Valentina por instinto.
Quería que Isabela desapareciera.
—¿Por qué tendría que irme? Crecí en Nuevo Horizonte, mi familia, mis amigos y mi negocio están aquí. ¿Por qué voy a renunciar a todo e irme solo por un capricho tuyo?
—Te voy a compensar —dijo Valentina apresuradamente—. Ponle precio. Pide lo que quieras. Con tal de que te vayas, te doy lo que pidas.
Isabela soltó una cifra:
—Si me das diez mil millones de pesos, acepto. Agarro a mi mamá y nos vamos de Nuevo Horizonte.
—¡Diez mil millones!
Valentina pegó un grito.

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